La Columna Amarilla

Guerra, TV & Dioses

Llueven los misiles sobre Afganistán. Millones y millones de dólares se hacen pedazos sobre las pistas de aeropuertos y otros lugares estratégicos. Millones y millones de dólares se hacen fuego y escombros, en un país donde gran parte de sus habitantes no tienen ni cinco dólares para comer y aquellos que comen algo tienen un esperanza de vida de 45 años (aunque no se enteran de esas estadísticas porque la mayoría de ellos no sabe leer).

Caen millones y millones de dólares y se hacen humo, sangre, huesos rotos y cuerpos mutilados. Y atrás de ellos caen menos dólares en alimentos, «para las mujeres y los niños» dijo Bush, como le dijeron que dijera, imaginando un prodigio de puntería.

Los afganos hambrientos corren a esconderse sin saber si lo que cae del cielo es bala, pólvora o pan. Y miran los paquetes made in usa como podrían mirar los «sin techo» de Nueva York una hamburguesa envuelta en papel escrito en árabe.

Y todo soldado estadounidense cada vez que aprieta un botón, un gatillo o un mouse, no puede dejar de ver cómo caen las dos torres del World Trade Center. Como caen una y otra vez, en cámara lenta. Las ven como las vimos millones y millones de personas en todo el mundo.

Sin embargo, los que sufren las consecuencias de esos botones, gatillos o mouses, los afganos, son los únicos habitantes de este planeta que no vieron los aviones chocando contra las torres, ni su derrumbe.

La televisión está prohibida por orden de los talibán, así como las fotografías. Hasta quizás sea posible que el propio molá Mohammad Omar no las haya visto, ya que las imágenes pueden convertirse en íconos y esto sería una ofensa para una religión que venera un solo y único Dios.

Nosotros, occidentales, libres, fabricantes de muchos dioses, prendemos la televisión para ver durante media hora una pantalla verde o negra donde «sucede» esta guerra sin muertos. Somos otra cultura, no hay duda. *

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