CON LA PIEDRA FUNDAMENTAL SE ENTERRARON DIARIOS DE LA EPOCA, UN DIBUJO DEL FUTURO EDIFICIO Y UN PERGAMINO

El edificio de la Universidad festeja sus 90 años

RUBEN BORRAZAS

 

El doctor Alfredo Vázquez Acevedo fue uno de los más entusiastas impulsores para la concreción de un edificio que albergara a la Facultad de Derecho y la de Ciencias Sociales, creadas por ley y constituidas en un organismo con autoridades propias.

A principios de 1880 se adquirió un predio en las inmediaciones de, lo que es hoy, Cuareim y Colonia, junto con un llamado a concurso para la edificación de la nueva sede de la Universidad, Museo y Biblioteca Pública. Hasta entonces todas estas divisiones habían funcionado en el edificio, de lo que alguna vez quiso ser el Hotel de Inmigrantes sobre el puerto de Montevideo.

«Lo pequeño del solar obligó a desistir de esta ubicación, decidiéndose contar con un terreno más amplio situado en un paraje central», según el diario «El Siglo» de la época.

Después de varios intentos, en 1893, bajo el rectorado de Claudio Williman, se adjudican dos terrenos comprendidos entre las calles 18 de Julio, Caiguá (hoy Eduardo Acevedo), Rivera (actual Guayabo) y Yaro (ahora Emilio Frugoni), hecho que sucedió el 28 de diciembre de 1904, autorizándose a la expropiación de las parcelas privadas ubicadas dentro de esta manzana.

Para la construcción del edificio se procedió al llamado a concurso de proyectos arquitectónicos que respondieran a la jerarquía y el funcionamiento de un recinto de características tan importantes, a nivel cultural y científico.

En 1905, se expidió el jurado otorgando el primer premio al proyecto presentado por los arquitectos Juan María Aubriot y Silvio Geranio, colocándose la piedra fundamental en un acto solemne el 18 de julio de 1906.

El diario «La Tribuna Popular», destacaba este hecho en la primera página del 19 de julio, señalando: «Para esta ceremonia, en la convergencia de 18 de Julio y Caiguá, desde días atrás se venía trabajando en levantar un catafalco arreglado con flores y banderas, a fin de que dentro de su marco se verificara el acto».

«Este se efectuó –continúa el diario– a las diez de la mañana con la asistencia de los ministros de Estado, personal universitario, cuerpo diplomático y consular, representantes de la prensa, foro y comercio. El ministro de Fomento, ingeniero Capurro, expresó a los asistentes el motivo de aquella reunión pronunciando frases alusivas, estimulando el celo del Consejo Universitario y trazando grandes rasgos al porvenir de la institución intelectual que iba a construirse…»

Posteriormente hablaron el rector de la Universidad, doctor Eduardo Acevedo, lo siguió el doctor José María Pena, cerrando la parte oratoria en nombre de la Facultad de Derecho el doctor Luis Piñeyro del Campo y por la Facultad de Comercio lo hizo el doctor José L. Terra.

Otras crónicas de la época señalan que concluidos los oradores se procedió a firmar un pergamino, por parte de ministros y representantes de las facultades, en el cual se hace constar la celebración del acontecimiento. Este fue colocado dentro de una caja de metal, junto con varios diarios, un reglamento universitario y una tarjeta conteniendo un dibujo del futuro edificio universitario. «Esta fue enterrada junto a la piedra fundamental en un lugar excavado para este propósito», señala un comentario periodístico.

Cinco años después

En el libro «Primeros edificios universitarios» sus autores, Susana Antola y Liliana Carmona hacen el siguiente análisis del edificio: «El 22 de enero de 1911, en menos de cinco años de trabajos, el edificio fue inaugurado.

Ostentó un carácter majestuoso y severo, de inspiración historicista, el que se consideraba acorde a la dirección superior de la más alta institución de enseñanza y a la facultad que inició los estudios de dicho nivel. Su volumetría simple formada por cuerpos de aspecto macizo y gran desarrollo, acusó las distintas jerarquías de las funciones albergadas, otorgando al conjunto una apariencia monumental a la que se apeló para representar la permanencia y peso moral asignados a la institución».

Más adelante terminan señalando: «Similar carácter lucían los proyectos presentados al concurso por el arquitecto Horacio Acosta y Lara y el supuestamente perteneciente al ingeniero Juan Tosi, denotando estado de consenso en lo que se refiere a la severidad y monumentalidad requeridas.

No obstante el proyecto ganador resultó notoriamente más acertado en su equilibrio de masas y majestuosidad». Con los títulos de «Inauguración de la Facultad de derecho» y «Visitando el edificio universitario», la prensa señalaba distintos aspectos de la inauguración. «El Siglo» destacaba la presencia del presidente de la República, doctor Claudio Williman, ministros e invitados especiales del cuerpo diplomático. El acto comenzó a las diez de la mañana con un cielo plomizo presagiando lluvia. Haciendo uso de la palabra el rector de la Universidad, Pablo de María, el ministro de Industria, Trabajo e Instrucción Pública, Julio de la Hoz, el decano de la Facultad de Derecho, doctor Freitas y un delegado estudiantil de apellido Dellapiani se sucedieron en el orden.

Los diarios manifiestan elogios al flamante edificio y destacaban: «sus salones grandes y amplios para albergar, en sus cómodos espacios, a cientos de estudiantes. Estamos plenamente convencidos que nuestra Facultad de Derecho será, sin disputa, uno de los mejores edificios de América y los arquitectos Aubriot y Geranio han hecho una obra, a la vez que artística, sólida y duradera».

Lo de siempre

La Tribuna Popular se quejaba, amargamente, de algunas actitudes de ciertos estudiantes en tan protocolar acto. «En el edifico en uno de los salones se había dispuesto un espléndido buffet para la concurrencia. Pero desgraciadamente, en el lugar donde se podría haber dado el último toque de amenidad a la fiesta y en donde los estudiantes, en este caso dueños de casa, debían haber demostrado su cortesía, por el contrario, se abalanzaron sobre los mozos en busca de comida y bebida.

Es tiempo que se terminen esas inmoralidades, por dignidad, por cultura y por educación. ¿Que opinión se habrán formado los concurrentes al ver a ciertos sujetos, dueños de varias botellas bebiendo como verdaderos alcoholistas… y después qué decir de los que ebrios, se desataron en insultos», termina el cronista. *

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