ESTE AÑO SE DENUNCIARON CIENTO DIECINUEVE INCIDENTES EN APENAS SEIS MESES Y DIECISEIS VICTIMAS FATALES

Reportaron más de mil casos de violencia doméstica el año pasado

La información aportada por el Ministerio del Interior, a través de su programa Seguridad Ciudadana, indica que 1.052 personas denunciaron haber sido víctimas de diferentes actos de violencia doméstica, durante el año 2000.

Las estadísticas que corresponden únicamente a casos denunciados, ya que muchos episodios permanecen impunes por temor de las víctimas a sufrir nuevos ataques por parte de sus agresores, establecen que el 1997 fueron denunciados 481 casos de violencia, cantidad que ascendió en 1998 a 891 y en 1999 a 1.036 situaciones.

En la mayoría de los casos las víctimas son mujeres, niños e incluso personas de avanzada edad.

119 incidentes reportados

Durante el transcurso de este año y durante los meses en que se desarrollaron los talleres organizados por el Ministerio de Salud Pública (marzo a agosto), ocurrieron 119 incidentes que dejaron como saldo 16 fallecidos, según estadísticas mensuales de La República de las Mujeres.

Si bien la violencia doméstica aparece presente en todos los estratos sociales y zonas, los barrios montevideanos en los que el fenómeno asume una dimensión más grave y preocupante son: Hipódromo, Bella Italia, Parque Posadas, Cerrito de la Victoria, Borro, Casabó, Cerro, La Blanqueada, Villa Española y Piedras Blancas.

«La violencia es la agresión utilizada para torcer la voluntad del otro. Aparece cuando no existe consenso y una persona obliga a otra a aceptar algo que por su propia voluntad nunca hubiera hecho. Puede llegar a tener grandes consecuencias», expresó el doctor Carlos Díaz Usandivaras, en la ceremonia de clausura de los talleres de «Capacitación en prevención de primer apoyo a personas involucradas en situaciones de violencia familiar». La ceremonia se desarrolló ayer de tarde en el Salón de Actos del Ministerio de Salud Pública (MSP).

El objetivo fundamental de los talleres consistió en crear y desarrollar políticas orientadas a mejorar la calidad de vida de la población.

Para ello se instruyó personal de enfermería, puesto que éste se encuentra en permanente contacto con las víctimas de violencia doméstica, característica que les permite detectar con mayor facilidad esta problemática que en ocasiones no deja huellas y se da en forma sutil.

Ciento cincuenta enfermeros participaron de cuatro cursos que se dictaron entre los meses de marzo y agosto. La inscripción a los mismos fue voluntaria, pero era imprescindible integrar los Equipos Comunitarios de Salud Mental, las policlínicas del Servicio de Salud de Asistencia Externa o el personal de los hospitales Vilardebó y Piñeyro del Campo.

Los cursos estuvieron a cargo de docentes de la Facultad de Psicología de la Universidad Católica del Uruguay.

Estos talleres se llevaron a cabo en el marco del convenio celebrado entre los Ministerios de Salud Pública e Interior, que financió el proyecto a través del Programa de Seguridad Ciudadana y de la Universidad Católica, que ganó la licitación para el mismo.

En el acto se entregaron certificados a los funcionarios participantes de los cursos y el doctor Díaz Usandivaras de la Universidad de Belgrano, Argentina, ofreció una conferencia de prensa, a los efectos de explicar diversos aspectos de un traumático problema que afecta cada día con mayor fuerza e intensidad a la sociedad contemporánea.

El papel de la educación

En primer término, el conferencista Díaz Usandivaras se refirió a la importancia de la familia en la formación y la conducta de los individuos. Según su teoría, en el ámbito del núcleo familiar se produce una segunda gestación, que educa al niño y forma los valores que enseñarán al individuo a desprenderse del potencial de violencia con el que todo ser humano nace.

«La familia es un lugar de relaciones intensas, donde se toman decisiones y es imprescindible el acuerdo. Lo que no se adquiere dentro de ella no se aprende nunca más, ni siquiera en la escuela».

«Es fundamental volver a las fuentes de una manera natural y eso se logra a través de la educación», destacó el técnico.

La modalidad de educación a la que refirió el especialista argentino consiste en poner en manos de gente común el acercamiento a las familias que padecen patologías de violencia. En ese contexto, se procura separar los conocimientos científicos o profesionales y volcarse a la transmisión de valores de personas que accedieron a una capacitación previa.

A esta posición se sumó el doctor Horacio Porciúncula, director del Programa Crónicos y Especializados del MSP, quien hizo referencia a las reiteradas oportunidades que tuvo durante el ejercicio de la profesión, fue orientado por enfermeros que conocían mejor la situación de los pacientes, a causa del permanente contacto con ellos.

No sólo cosa de mujeres

Porciúncula manifestó que la violencia doméstica es una patología o alteración bastante nueva en el país. «Hace un tiempo se pensaba que la familia era protectora y brindaba el soporte para desarrollar las capacidades de sus integrantes. Desde hace un tiempo surgieron una serie de alteraciones vinculadas a diferentes actos de violencia».

Destacó además, la importancia de no relacionar a la violencia doméstica únicamente con agresiones contra la mujer, ya que son también víctimas de ella los adultos mayores, los niños que sufren malos tratos o abuso sexual y los hijos de matrimonios en los que se dan situaciones violentas. El director del Programa del MSP asoció la violencia a otras patologías sociales, como la depresión, el alcoholismo y la drogadicción. Al respecto, citó como ejemplo los casos en los cuales la medicación no es efectiva y mediante un conocimiento de las condiciones de vida del paciente, se logra descubrir episodios de violencia detrás de la enfermedad. *

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