ESCUELA DE COVISUNCA AGUARDA POR LA INAUGURACION DEL COMEDOR DESDE 1971

Una espera de treinta años

La historia bien podría ingresar en el libro Guinness como récord a la mayor demora en la construcción de un centro de enseñanza. Cuando en 1971 un grupo de padres de la Cooperativa de Vivienda por Ayuda Mutua del Sunca (Covisunca), ubicada en el complejo habitacional José Pedro Varela, tuvo la iniciativa de construir una escuela, ni el más pesimista imaginó que tres décadas después la situación permanecería prácticamente incambiada.

Tres años después, en 1974, los cooperativistas donaran 3.036 metros cuadrados del predio al entonces Consejo Nacional de Educación (Conae) para lo construcción del centro de enseñanza. «Aún estamos esperando que se culmine con el total de la obra prevista. Además, la dirección y los salones que están funcionando se llueven, el tanque de agua potable que alimenta a la escuela está rajado y por el sótano se filtra agua. En marzo de este año las autoridades de Primaria se comprometieron a colocar una bomba en el sótano para drenar el líquido, que todavía la estamos esperando», sostuvo el presidente de la Comisión de Padres y Vecinos de la escuela Nº 249 y el jardín Nº 252, Elbio Bos.

De hecho, y pese a que la escuela funciona en forma parcial, aún resta que se habilite parte del jardín y el comedor para alimentar a casi 200 niños. Lo inexplicable de todo esto es que la empresa encargada de la construcción del comedor finalizó las obras hace 4 meses pero, por motivos que se desconocen, sus instalaciones permanecen cerradas para los escolares, funcionando en forma parcial para los preescolares. Mientras tanto, 175 niños entre 6 y 12 años deben recorrer más de 100 metros para almorzar en una pieza de 4 por 5 metros, en condiciones casi de hacinamiento.

Lo incómodo de la situación conlleva a que en horas del mediodía se forman largas filas de niños que aguardan a la intemperie el ingreso a la precario local que oficia de comedor. También resta la colocación de bancos en el patio del local y, a simple vista, se puede observar que las mallas metálicas, utilizadas en la construcción del edificio, aún permanecen en el lugar desde hace, al menos,15 años.

La eterna burocracia

El largo periplo que insumió la construcción de la escuela abarcó los 13 años de dictadura y los cuatro períodos democráticos hasta la fecha.

Desde la donación del predio en 1974 hasta el comienzo de la construcción debieron pasar 15 años. En 1989 el Codicen y el Ministerio de Transporte y Obras Públicas comenzaron la construcción de 10 salones para la escuela 249, tres salones para el jardín 252, una cocina, un salón multiuso y otro para la dirección. Sin embargo, la obra nunca fue terminada debido a falta de rubros, según adujeron en ese momento las autoridades.

«Esta situación nos sorprende ya durante tantos años y fundamentalmente durante el anterior período de gobierno hemos visto muchas construcciones y refacciones de locales de enseñanza. Muchas veces logramos el compromiso de presidentes de la República, como en el caso de Sanguinetti por ejemplo, y de autoridades de Educación Primaria, por intermedio de Sirio Nadruz, que se diluyeron en el tiempo. Hoy, a la escuela concurren 480 niños, está superpoblada y no cuenta con lugares de esparcimiento apropiados dentro del predio», manifestó Bos.

El 30 de mayo de este año, la comisión de padres y vecinos envió una carta a la presidenta del Codicen, Teresita González, informándole de los problemas de edificación existentes. El documento, firmado por decenas de padres, señala varios puntos que, a juicio de los firmantes, representan las principales dificultades en el predio escolar.

Entre ellos, se expresa la existencia de fisuras en la estructura edilicia desde hace 3 años; líneas de alta tensión a escasos metros de altura lo que supone un peligro constante para los niños y la ausencia de una vereda perimetral que, sumado a la falta de pavimento en la zona de recreo, hace que en días de lluvia el lugar se torne intransitable.

Los padres solicitaron también que, ante la presencia de ratas dentro y fuera de las aulas, se proceda a la desratización y a la demolición de los vestuarios de obra que, actualmente, no cumplen ninguna función más que la de ayudar a la propagación de roedores», sostuvo Shirley Castellazi, secretaria de la comisión.

«Las condiciones en que nuestros niños accedan a almorzar continúa siendo en forma precaria y carente de toda funcionalidad, las mismas condiciones que fueran denunciadas en su momento ante el Parlamento y en las notas que le enviáramos a la dirección de Enseñanza Pública y al actual presidente de la República. ¿Seguirán los niños siendo rehénes de esta burocracia que los margina día a día? ¿Treinta años no fueron suficientes?», preguntó Bos. *

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