Una lucha sin vidrios rotos
Contra lo decidido por la Junta Local, la opinión de los inspectores, de evidencias a simple vista, los vecinos deben seguir luchando. Para la empresa: «el noventa por ciento, son intereses personales».
Barrio Larrañaga se llama la zona a esa altura del Bulevar Batlle y Ordóñez (otrora Propios). En la intersección con Francisco Rodrigo se encuentra una vidriería de significativo porte: Bía.
Los vecinos afirman que desde 1992 soportan «todo tipo de molestias, ruidos con maquinaria, puentes-grúa, pegados a las viviendas linderas».
Afirman que la empresa carece de autorización municipal y de la Dirección Nacional de Bomberos. En este último aspecto LA REPUBLICA corroboró que, aunque cumplida la primera etapa del trámite, aún no han vuelto a solicitar a la Dirección Nacional la inspección que avale, se está cumpliendo lo indispensable anti-fuego.
Ante el sector el departamento de Instalaciones Mecánicas (SIME) de la Intendencia de Montevideo, vecinos presentaron una serie de denuncias: rajaduras, ruidos y altas vibraciones, humo, hollín y carga y descarga de vehículos a altas horas de la noche.
Los vecinos reclaman «a la IMM los derechos a vivir y descansar como lo marcan las normas. (…) empresas con menos problemas se han clausurado».
Decretos y ordenanzas vigentes establecen en 55 decibeles el máximo autorizado dentro de los límites de la ciudad. Inspecciones municipales determinaron cifras superiores a 68, en casas linderas a la vidriería.
«Además es obvio el origen de las vibraciones: los pilares del puente-grúa están amurados a la medianera, lo que está prohibido» afirmó el inspector municipal Jorge López, que tuvo a cargo el procedimiento de la IMM. «Lo curioso del caso –recuerda López– es que hace ocho años ya había concurrido por iguales denuncias. Ahora, cuando me ordenaron ir allí, quedé asombrado que todavía no se hubiera hecho nada».
De bases y mandos medios
Cuando inspectores del Centro Comunal Zonal (CCZ) 4, a raíz de las denuncias del vecindario, concurrieron a la empresa en cuestión, encontraron que faltaban habilitaciones posteriores a 1997.
La situación tampoco era novedosa: incluso una concejal del CCZ4, Diana Ivanac, había renunciado al cargo, por ser damnificada y acababa de ganar un juicio a la vidriería.
Los vecinos la ratificaron en el cargo.
La edila Brenda Piquinela, de la comisión de medio ambiente del Zonal 4, concluía por esos días una negociación con la empresa en la que ésta accedía a trasladar su sector industrial al local que posee en Camino Colman, con un plazo máximo en el año 1999.
El concejo vecinal logró este año que los directores del Departamento de Desarrollo Ambiental de la IMM, el ingeniero Luis Lazo, y el director del Servicio de Instalaciones Mecánicas y Eléctricas, ingeniero Rodríguez Sarmiento concurrieran al comunal: fue el 4 de julio pasado.
Ese día, concejales preguntaron por qué no se había actuado conforme a la normativa. Los jerarcas brindaron una serie de explicaciones que fueron, a entender de edilas, «parciales. No quedamos para nada conformes».
Concejales del CCZ4 exigieron «una definición, si la empresa no tiene habilitación desde hace 4 años. Estas situaciones de impunidad afectan la imagen de la administración municipal».
Durante una posterior reunión –en el colegio Palotti–los cuestionamientos permanecieron incambiados.
Finalmente la agrupación del gobierno frentamplista, decidió extender la convocatoria a más jerarcas, a fin de escuchar explicaciones. La única respuesta era que había, «nuevas mediciones».
Además de Lazo y Rodríguez Sarmiento, se citó a los directores Jaime Igorra (División Región Centro) y a Roberto Villamarzo (Departamento de Acondicionamiento Urbano). La reunión tuvo lugar en agosto último, en la «Casona frenteamplista» en avenida Italia, donde fuera velado Germán Araújo.
De los invitados asistieron sólo Igorra y Lazo, quienes, según miembros del CCZ4, se limitaron a anunciar nuevas mediciones del impacto acústico que causa la vidriería.
Tras la reunión, la concejal Diana Ivanac comentó sentirse «igual que hace ocho años. Nos dicen lo mismo: que hay que hacer mediciones. Ocho años después, dicen que hay que hacer exactamente lo mismo como si esto fuera una novedad. Vergonzoso». *
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