Retratos urbanos

Arte japonés con estilo propio

 

Adrián Giovinatti: Titiritero

El joven llega y deja todo en el piso, la radio, un bolso, un banquito y una vieja valija muy gastada. La gente se amontona a su alrededor ansiosa por ver qué hace. El, tranquilo se empieza a preparar. El primer paso consiste en descalzarse y en encender la radio, sintoniza El Sodre, suena música clásica. Luego se sienta en el banco y abre la valija. Para asombro de los concurrentes y fascinación de los niños, saca de allí un muñeco desarmado.

Agayo, el títere imitación japonés, comienza a cobrar forma. Adrián su creador, se coloca unas estructuras de alambre en el pecho y en ellas sujeta el cuerpo del muñeco. Luego le pone la cabeza, con sus manos maneja las de Agayo y con los dedos de los pies sostiene y da movimiento a las piernas del títere.

Comienza la función. El muñeco se mueve, extiende sus manos a los pequeños que se acercan, les contesta a sus preguntas con movimientos de cabeza que indican si o no y no siente vergüenza en posar para las múltiples fotografías que los niños se sacan con él. A los pies del muchacho que lo maneja, un coqueto recipiente de colores recibe las colaboraciones voluntarias, que no son pocas.

–¿Cuál es el nombre de la técnica que realizás?

–Es teatro callejero, yo hago una técnica originaria de los japoneses. Es una adaptación de ese arte japonés, pero con mi estilo.

–¿En dónde la aprendiste?

–Estudio en la escuela de títeres El Galpón. Pero esto que hago surgió el año pasado, cuando vino una escuela japonesa e hizo un taller abierto. Allí mostraron la técnica y me entusiasmé mucho. A partir de ese momento me puse a investigar en libros sobre el tema, hasta que me decidí a probar.

–¿Aparte de ti, alguien más se dedica a esto en Montevideo?

–No, soy el único. Hace un mes y medio que empecé a salir a la calle, me falta perfeccionarme y pulir el estilo.

Lo que sí se hacen son funciones en teatros, pero es un espectáculo diferente, no hay tanta cercanía con los niños. Ahora con varios compañeros de la escuela trabajamos en un proyecto de títeres parecido, pero sin la misma interacción con los chicos.

–El show se basa principalmente en la comunicación con los niños ¿es espontáneo o traés algo armado?

–La función surge de la comunicación con los pequeños. Yo sólo pongo música y el muñeco se mueve como una caja musical. No habla, es sólo movimiento. Lo que busco es crear una relación con los niños, un intercambio. Ellos le hablan, se mueven con él, le toman las manos. A mí me gustan mucho los niños y es lo que me alienta a seguir en esto.

–¿Necesitas concentración y dominar alguna técnica especial para llevar adelante el espectáculo?

–Si. Me concentro en el lugar, me ayuda la música. La concentración me ayuda a mover el muñeco y en el contacto con los niños. En cuanto a las técnicas que uso, es una combinación de varias referentes a los títeres: manejar títere de guante, de varilla, plano, sombras. De todos modos la técnica mía, si bien cuenta con la influencia de éstas, la creo yo mediante la experimentación.

–¿Tenés más de un muñeco?

–No, este es el único.

–¿Lo construíste tú?

–Si. El alma es de espuma plast. A la cabeza, las manos y los pies les di forma con polvo de tiza, papel y cola. La cara la pinté, el pelo es guata, el cuerpo se sostiene con varillas y por medio de hilo le doy movimiento a la cabeza. *

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