Por escapar del plomo, una familia se hunde en el barro
La precaria vivienda de una sola habitación y piso de tierra, construida con chapas y maderas, ubicada en Yugoslavia y Carlos de la Vega, en el barrio La Huerta, denota la crítica situación en la que se encuentra inmersa la humilde familia.
Los estudios de plombemia realizados a los cinco menores detectaron que cuatro de ellos, (Nelson de 10 años, Lennon de 8, Micaela de 4 y Sebastián de casi 2 años) registran más de 20 microunidades del metal por decilitro de sangre. Sandra, de 3 años, es la única que registra menos de 10 microunidades de plomo por decilitro de sangre.
Los resultados de los análisis se encuentran en la policlínica comunal de Tres Ombúes y, pese a que fueron visitados por asistentes sociales del Instituto Nacional de Alimentación (INDA) hasta el momento las promocionadas canastas alimenticias, publicitadas por el Ministerio de Salud Pública desde la Comisión Interinstitucional creada para el estudio de la problemática, brillan por su ausencia.
Ajenos a la situación, los niños chapotean en el barro y esbozan una sonrisa ante el flash de la cámara.
Escapar del plomo
Escapando del plomo, debieron mudarse del predio donde vivían en Alaska y Real, cerca de Tres Ombúes; pero la situación, lejos de mejorar, empeoró sustancialmente: deben convivir con el barro y las aguas servidas y, para colmo, los niños son asmáticos. Su padre, Nelson Méndez, tiene 32 años, fue soldador durante 8 años pero, desde hace 5 meses, se encuentra desempleado.
«Me recorrí todito –señala Méndez–, hasta trabajos donde pagaban 12 pesos la hora. No hay empleo y en mi caso se me complica más porque perdí un ojo. Cuando nos mudamos para aquí ni siquiera teníamos para los clavos. Hicimos esto con mucho sacrificio».
La última carta de Nelson fue vender lo poco que tenía para comprar un carro e intentar, junto a su familia, sobrevivir como hurgador.
Un poco de tierra
«Escapamos del plomo y ahora vivimos continuamente inundados entre el agua y el barro», relata el padre. «Pedimos que alguien nos done un par de camiones de escombros para poder rellenar el terreno. Así no podemos continuar. Los niños son asmáticos y nosotros no estamos en condiciones de comprar escombro. Tenemos que elegir entre eso o la comida diaria. No tenemos mucha elección», reconoce Méndez.
María del Rosario Rodríguez (27), madre de los cinco chicos, no encuentra consuelo a la situación.
«Mi hijo mayor, Nelson, comenzó con dolor en la piernas y en la cabeza. A veces, por las noches, también sufría de dolores de estómago y se mareaba seguido. Lo llevamos al hospital Filtro, pero los análisis daban normal», recuerda la madre.
Ante los inexplicables dolores sufridos por el menor, los médicos de Salud Pública decidieron realizarle un análisis de plombemia, detectando la presencia del metal en su torrente sanguíneo.
Los posteriores análisis a los restantes hermanos también dieron positivo.
«No podemos seguir en esta situación. Los niños necesitan un lugar limpio y seco. Nosotros, en la situación económica que estamos, no damos más. Apelamos a la solidaridad de la gente para ver si alguien nos dona un par de volquetas con escombros o tierra para nivelar el terreno», señaló la madre. *
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