Retratos urbanos

"La gente no sabe nada de arte"

Luis Fernández Vittola:  Decorador de interiores y plástico

El candombe es el tema central de sus obras. Mientras tiene varios cuadros a la venta, pinta otro. Con óleo y espátula, aunque a veces también usa las manos, da forma y color a un gramillero. De viernes a domingo se lo puede ver frente a la tradicional fuente del Mercado del Puerto. Luis Fernández Vittola hace años que empezó a pintar, aunque no es su oficio. Era experto en pintura decorativa arquitectónica, ese arte traído por los españoles e italianos a principios del siglo XX. Muy pocos conocen esas técnicas, él tuvo la oportunidad de aprender cuando sólo tenía trece años. Ese aprendizaje continuó. Con el tiempo le permitió instalar su propia empresa, hasta que finalmente murió el arte, junto con su fuente laboral. ¿La razón? Es caro y hoy no se puede pagar. Prácticamente ya nadie se dedica a él y supone el decorador que si queda alguien seguramente no tiene trabajo. Quiso enseñar en la Universidad del Trabajo, para que el oficio no se perdiera, pero su proyecto fue rechazado. Las autoridades no se animaron a probar con algo nuevo, de lo que desconocían los resultados. Ese fue el último intento en pintura decorativa. La búsqueda de un sustento familiar lo llevó a encontrar en las artes plásticas un medio de expresión que le permitió salir adelante, al tiempo que le da la sastisfacción de estar a gusto con su trabajo.

–En tus cuadros pintás exclusivamente escenas o personajes de candombe, ¿es por alguna razón en especial?

–Sí. Hace años yo asistía al taller de Eduardo Acevedo y en determinado momento él me dijo que no fuera más porque ya conocía la técnica. Pero yo tenía uno de los grandes problemas de la plástica, que es encontrar el estilo. Acevedo me dijo «un día va a aparecer». Pasaba noches enteras, pintaba, no me gustaba y rompía. No encontraba el tema, me agarraba grandes ataques de nervios, hasta que un día mientras pintaba en la Plaza Independencia, hace muchos años, miré una revista y vi un cuadro de Vernazza, un candombe. Me gustó el movimiento y decidí probar.

–Tus obras se caracterizan por el movimiento de las figuras…

–Después de Figari se hizo mucho candombe, pero prácticamente igual, era un tema trillado. Coincidió que yo buscaba una temática y el candombe era una innovación. Elaboro mucho las expresiones, las manos, la postura. Busco, por ejemplo, que el negro tenga fuerza, que parezca que arranca el tambor. El cuadro tiene que tener cierta violencia y dramatismo, aunque hay gente que se pone nerviosa ante tanta expresión y prefiere un recuerdo o algo decorativo.

–¿Pintás lo que sentís o lo hacés bajo la influencia de lo que se vende y pide el público?

–Yo vendo mucho, a uruguayos, brasileños, norteamericanos. En cierto modo me tengo que adaptar a lo que la gente compra, porque vivo de esto. Pero me opongo a la pintura comercial. En las galerías se encuentran cosas comerciales, se manejan con lo que el público compra. Los mejores plásticos no están en ellas: Virginia Patrone, Eduardo Acevedo, Nelson Ramos. No se compra arte, se prefiere algo decorativo. La gente no sabe nada de arte.

–¿Y qué es el arte para ti?

–El arte es expresión. Tiene que ser logrado, elaborado, con una buena técnica. No puede ser frío. Y es una constante evolución. *

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