GENTE SENCILLA QUE HACE HISTORIA

El rastreador de La Cabaña

ETTORE PIERRI

 

Rescató la historia de su barrio, que aporta valiosos datos y nuevas líneas de investigación a importantes estudios académicos. Las autoridades deben apoyar a gente como él, propone un experto.

La Cabaña es un barrio de Montevideo que nació el 26 de diciembre de 1926, cuando el agente inmobiliario José María Santos puso en venta «al lado del Prado, a sólo 100 metros de la avenida Millán, 375 hermosos solares arbolados».

Ahora viven unas 5 mil personas en ese barrio, cuyo nombre proviene de la archifamosa «cabaña Metzen», enorme emprendimiento comercial que hasta no mucho antes de aquel diciembre de hace 74 años ocupó el gigantesco predio que Santos vendió en fracciones.

Cierto día, Angel Pereira, quien ha vivido 67 de sus 68 años en La Cabaña, se propuso investigar y develar el pasado del barrio, aunque no es historiador ni sociólogo ni periodista sino carpintero. Tenaz y minucioso, Angel, también conocido como Beto, penetró hasta el fondo de la memoria colectiva de su comunidad, confrontó infinidad de versiones, orquestó miles de datos dispersos, ató innumerables cabos sueltos y exprimió archivos monumentales.

El resultado fue una imponente montaña de información que ya depuró y ordenó para escribir por fin un libro sobre la historia del barrio tras muchísimos años de arduas, incisivas y muy prolijas investigaciones.

Aporte valioso

A juicio del analista José Pedro Salvá, trabajos como el que publicará Beto constituyen un verdadero tesoro para los historiadores profesionales porque les aportan datos muy valiosos y pueden abrir nuevas líneas de investigación.

«Este tipo de crónicas barriales basadas sobre todo en la historia oral tienen casi siempre un riquísimo contenido. Revelan hechos desconocidos y traen testimonios directos que son sumamente útiles. De ese material, los académicos pueden extraer no sólo referencias de primera mano sino también pistas para sus propias indagaciones «, dice Salvá.

Beto, por ejemplo, reunió abundante información acerca del nutrido sector de población afrouruguaya que tiene La Cabaña desde sus orígenes y eso, dice Salvá, es un aporte muy importante a los estudios sobre la composición étnica de nuestra sociedad.

«Saber cómo, cuándo y por qué se instalaron en un barrio familias de raíces africanas enriquece el análisis sobre las vertientes que alimentaron la formación del país tal cual lo conocemos hoy», explica Salvá.

En opinión de este analista, las autoridades deberían estimular a personas como Beto: «Daría muy buenos frutos una política orientada a apoyar a la gente que hace este tipo de trabajo. Se las puede ayudar mucho con asesoramiento y asistencia técnica.

Una de las cosas que se pueden hacer es aportarle la colaboración de estudiantes avanzados para los trabajos de campo y diversas tareas de relevamiento de datos», propone Salvá.

El «rastreador»

Mientras tanto, Beto, quien es una verdadera institución en La Cabaña, sigue en la brecha y su libro avanza, engorda y ya promete ser un punto de referencia obligado para quien quiera bucear en nuestra historia urbana.

Pero él, modesto, esquiva todo halago cuando dice que sólo «rastreó» las huellas de personajes anónimos y hechos que construyeron la historia de esa comunidad que ahora sí tiene cronista.

Beto se define como un buscador de esas marcas casi invisibles que la gente sencilla «deja en su andar», como las de tantos hombres y tantas mujeres a quienes La Cabaña debe su vida.

Por eso, porque así ve su fructuosa tarea, ya tiene un merecido diploma de «rastreador» que no cambia por ningún título académico porque se lo concedió la gente del barrio. *

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