Dunant, un visionario
Henri Dunant, un pequeño comerciante suizo, fue testigo de una de las más cruentas batallas del siglo pasado, ocurrida el 24 de junio de 1859, en la localidad de Solferino, Italia.
Miles de heridos abandonados a su suerte, morían bajo los tormentos de la sed y la enfermedad, mientras las autoridades militares parecían considerar natural que aquel caos fuera el desenlace inevitable de una guerra. Dunant, que se encontraba en viaje de negocios, decidió no continuar con sus actividades comerciales y se dedicó a asistir a los moribundos y a organizar a los voluntarios locales que se encargaban de obtener vendajes y agua limpia.
Sorprendido de que no se hubiera previsto asistencia alguna para los heridos y convencido de que, en caso de haber existido una organización permanente de voluntarios preparados, se habrían salvado miles de vidas, la idea de una organización internacional, humanista, independiente y neutral que menguara en parte los horrores de la guerra comenzó a cobrar vida en Dunant.
Desde su fundación, hace 137 años, el Movimiento de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja ha ampliado su objetivo inicial, que era socorrer a los heridos de guerra, hasta abarcar, hoy en día, la ayuda a los prisioneros de guerra y las personas desaparecidas, las operaciones de socorro motivadas por desastres naturales y los servicios de suministro de sangre y primeros auxilios. Hoy constituye el mayor movimiento humanitario del mundo y cuenta con miembros en cerca de 180 países.
En Uruguay, la Cruz Roja se instaló en 1897, a instancias de Aurelia Ramos de Segarra, quien presidió la organización durante los primeros 10 años. *
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