TODOS LOS MARTES, LA CRUZ ROJA ENTREGA CIEN CANASTAS ALIMENTICIAS

El día de la solidaridad

Miradas desesperanzadas. Rostros agrietados, golpeados por tanta adversidad. Gladys, envuelta en una vieja frazada, disfruta del tibio sol primaveral, mientras espera que se abra la puerta de la sede de la Cruz Roja. Tiene los ojos brillosos, cansinos. Es martes, 13 horas. Desde la medianoche del lunes, la mujer aguarda a la intemperie una de las cien canastas de comestibles que la organización entrega todos los martes, para alimentar a sus tres hijos.

La situación de Rosalía es apenas una muestra entre los centenares de casos que, martes a martes, se repiten frente a la sede de la Cruz Roja. La entrega de alimentos y ropas a personas en situación de indigencia es una de las tantas actividades solidarias que realiza la organización internacional.

El problema es que, ante la creciente demanda, sólo se otorgan, por orden de llegada, cien canastas alimenticias por lo que mucha gente debe retirarse sin alimentos y volver la semana siguiente.

En muchos casos deben atravesar largas distancias, incluso desde Canelones, a tempranas horas de la madrugada para asegurarse un lugar entre los cien primeros.

«Aquí se les hace una ficha –explica Alberto Sitkevich, presidente de Cruz Roja Uruguay– y se estudia su situación económica. Otras veces son derivados por organizaciones no gubernamentales o instituciones del Estado como la Comisión Honoraria de la Lucha Antituberculosa. Nosotros ayudamos en la medida de nuestras posibilidades. Todo lo que entregamos es en base a las donaciones que recibimos. No nos olvidemos que la humanidad es uno los principios de nuestra institución y el pueblo uruguayo es extremadamente solidario».

La familias que acuden hasta la sede de la institución provienen, fundamentalmente, de barrios periféricos de Montevideo y diferentes localidades de Canelones. En su mayoría son madres solteras, jubilados, pensionistas y desocupados.

Una ayuda necesaria

Sandra Rodríguez (23) vive en La Paz y es la primera vez que se acerca a la Cruz Roja en busca de ayuda. Es madre de dos chicos y trabaja dos veces por semana, por lo que alimentar a sus hijos se torna una tarea prácticamente imposible. Un voluntario de la Cruz Roja le informó de la entrega de alimentos, por lo que no pensó dos veces: «Soy madre soltera y lo que gano no me alcanza para darles de comer a mis hijos. Aquí, por lo menos, nos ayudan con fideos, arroz, leche en polvo y ropa», señala aliviada.

Paralelamente, mientras los padres aguardan la canasta alimenticia, los alumnos de la Escuela de Enfermería ofician de improvisados payasos y realizan jornadas lúdicas para los más pequeños. También se les sirve una taza de chocolate caliente y galletitas. La información y prevención tampoco están ausentes.

«Tratamos de entretenerlos y brindarles un poco de alegría. Generalmente realizamos juegos colectivos y los niños reciben una merienda», señala una voluntaria.

«Las alumnas de la Escuela de Enfermería les enseñan normas de higiene, sobre todo en el aspecto preventivo de enfermedades de transmisión hídrica. Es una forma de prevenir enfermedades como la hepatitis y la diarrea, por ejemplo. A nuestro juicio, la educación en salud tiene un impacto mayor que la entrega de las canastas. Nosotros queremos aprovechar esta instancia en que población vulnerable se acerca a la institución para brindarle algún tipo de educación en salud», sintetiza Sitkevich.

Parar la olla

Beatriz Martínez, directora del voluntariado de la Cruz Roja, dijo a LA REPUBLICA que en los últimos años se ha producido un incremento de la población asistida por la organización debido, fundamentalmente, al trabajo de los voluntarios.

«La merienda y el chocolate que se les entrega a los chicos proviene de los propios alumnos de la Escuela de Enfermería. Tratamos de brindar toda la ayuda posible pero nos enfrentamos a varios problemas, como el deterioro edilicio», apunta Martínez.

Fabiana Peralta (24) es estudiante de Medicina y voluntaria de la Cruz Roja. Su trabajo en la institución es confeccionar las fichas de los beneficiarios. Según su experiencia, la mayoría de personas acude en busca de alimentos y ropa, pero también hay gente que se acerca en busca de mobiliario.

«Lo que más se solicita son alimentos. La gente viene en la mañana y se va acomodando por orden de llegada. Todos los martes, a la una y media de la tarde, repartimos cien números y comienzan a ingresar en tanda de a diez. Se les pide cédula de identidad a los adultos y algún documento, como partida de nacimiento, en el caso de los hijos. Muchas veces traen cartas de asistentes sociales de centros comunales de la Intendencia, lo que también es válido», señaló la joven.

Sitkevich sostuvo que la actividad más importante para una población vulnerable es desarrollar la capacidad de autoabastecerse y representa uno de los objetivos primordiales para la Cruz Roja. «Es decir, poblaciones que sean conscientes de sus necesidades y comunidades que sean capaces de diagnosticar sus problemáticas y llevar adelante soluciones valederas de acuerdo a sus necesidades. El tema no es darles pescado, sino enseñarles a pescar», manifestó. *

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