Póngase serio, Presidente
Por Horacio Buscaglia
Uno tiene que hacer humor (o arrimarse a algo parecido), en un país donde la sonrisa ha dejado paso a la mueca descreída o, como mucho, a la risa descontrolada o a la carcajada sarcástica.
Claro que uno vive de esto o, mejor dicho, vive por esto. Y sin embargo yo no le prometí a nadie, ni siquiera a mi mujer, que la vida conmigo iba a ser divertida (aunque sospecho que algo de eso hay).
Que un presidente diga que su gobierno va a ser divertido puede ser un error, un chiste fallido, o una pura tilinguería. Sea como sea, en todos los casos queda en el aire un cierto aroma a frivolidad.
Uno no le va a estar cobrando al señor Batlle la cantidad de ñanduseadas (lo digo así porque él habló de ñandúes y no de gansos) que ha dicho para diferenciarse del «arrancabrazos». Pero resulta que sigue riéndose. Por lo menos así lo muestran ciertos medios. Si uno se guía por la fotos y las imágenes de la tele, parecería que, vaya a donde vaya, él es el alma de la fiesta.
Y el asunto es que la fiesta se terminó, se suspendió por mal tiempo, quedó sin efecto, está cerrada por duelo.
Y él sigue sonriendo sobradoramente cuando «explica» que sube la desocupación pero baja la búsqueda de trabajo porque blableta blableta blableta.
Señor Presidente, casi un 40% de los menores de 25 años están sin trabajo.
Es decir, los herederos de ese futuro con el que usted tanto se excita cuando blabobea con la tecnología, ya están dejando de creer hasta en el presente y sienten que la esperanza es lo último que se perdió.
¿Se ha puesto a pensar a cuánto ascendería este porcentaje, si las decenas de miles de jóvenes que emigraron se hubieran quedado acá?
Trate de ver el mañana con los ojos de uno de esos jóvenes.
Y después intente sonreír, a ver si puede. *
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