Un club interactivo de lectores sobre ruedas
Nilo tiene 28 años, desde hace un año y medio emprendió un proyecto nuevo y único en el medio. Creó el Club Interactivo, que funciona actualmente sin lugar físico, centralizado en su persona. La idea principal del club es brindar un espacio para que toda aquella persona a la que le guste escribir, pueda publicar sus trabajos gratuitamente en un boletín que se vende luego en los ómnibus, además de constituir una fuente laboral para varias personas.
Acosta define su proyecto como una movida cultural, que ya va en el sexto número. En principio la idea era salir mensualmente, pero los rubros por ahora no dan para tanto y sale cada dos o tres meses. El librillo del Club Interactivo posee el cincuenta por ciento del material aportado por pasajeros de los ómnibus, que se entusiasman con la idea y según Nilo, pierden el miedo y envían sus creaciones, y otro cincuenta por ciento compuesto por obras de autores conocidos, pasajes de la Biblia y canciones.
Tiene doce páginas, se vende a diez pesos y el tiraje actual es de dos mil ejemplares. Para llegar a la mayor cantidad de público posible, los vendedores –cuatro en este momento– se dividen la ciudad en zonas. Estas zonas no son fijas, rotan a modo de no cansar a la gente. Los vendedores tienen el sesenta por ciento de ganancia, entregando al responsable sólo el costo del material.
Producto de la necesidad
«La idea surge producto de la necesidad, siempre fui vendedor. Estuve un año y medio en Buenos Aires, allí canté en los colectivos, vendí sahumerios y como la cosa estaba mal decidí volver, porque para pasar mal allá, aunque acá también estuviera bravo por lo menos estaba con los míos. Ni bien llegué volví a vender en los ómnibus, después fui peón de la construcción hasta que de repente me quedé sin trabajo. Ya había formado una familia, tenía una hija y fue un mes desesperante.
Un día encontré un libro similar al que yo hago comprado en Argentina, y pensé en hacer algo de ese estilo aquí. Averigüé precios y con mi primo nos pusimos a trabajar. Del primer número vendimos 3.500 ejemplares y del segundo 3.000. En ese momento no tenía material del público, era todo mío. Conseguí libros usados en la feria y formé una pequeña biblioteca», relata Acosta.
Con el tiempo el proyecto creció y la gente empezó a acercarle sus creaciones. Asegura que la respuesta del público es muy buena, tanto en lo referente a la venta, como al envío de material. Afirma publicar todo lo que le llega y que no le interesa discriminar. Dice que en el caso de que recibiera algo muy extremo y que pudiera ofender al público no lo publicaría y pediría al autor que le enviara otro texto.
«El club lo integran todos los pasajeros que publican o publicaron alguna vez.
Difícilmente no conozca a quien me manda algo. Intento conocerlos, pasar a retirar sus obras y luego no perder el contacto». Pero el crecimiento logrado hasta ahora no es suficiente para las aspiraciones de Nilo.
Un hada madrina
«Quisiera poder salir de la calle, dejar de vender para dedicarme exclusivamente al club a otro nivel, pero no me dan los medios. Me gustaría alquilar un local, comprar una computadora, porque mi vieja máquina de escribir para un montón de cosas no me sirve, poner un aviso en la prensa y dedicarme a vender publicidad. Para ello también tendría que pasar a un formato carta, porque en el actual sólo cabe texto, y así poner avisos y fotos ,por ejemplo de los cuadros de artistas que exponen. Yo no pido cinco, ni diez, con dos mil quinientos dólares me alcanza. Mi mayor deseo es que viniera un hada madrina o un padrino al que le interesara la idea y me ayudara». *
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