La columna amarilla

Atención infieles

Por Horacio Buscaglia

 

En Japón cuando las mujeres tienen sospechas sobre la fidelidad de sus maridos no recurren al palo de amasar, que es un claro símbolo fálico.

Las japonesas se ve que no la van con eso del simbolismo: recurren a las oraciones frente a un pene de dos metros de alto y a otro –más manuable– donde aplican técnicas del vudú.

Cuando uno entra a la nave central del Templo de la Fertilidad de Yumizori Shrine, en Kumamoto, se encuentra con un enhiesto miembro masculino de más de dos metros de largo que, como mínimo, sorprende e intimida hasta al más predispuesto a tener este tipo de encuentros cercanos, a los cuales ha producido taquicardias, desmayos y hasta desprendimiento de retina.

Las mujeres que allí asisten con el objetivo de parar las posibles infidelidades de sus hombres, deben adquirir un pene, de tamaño normal, y grabar en él el nombre de su marido.

Una vez que la señora cuenta con su falo manuable, identificado con el apelativo del esposo, debe empezar a clavarle alfileres. Aseguran que el aludido en el pene pinchado, no siente ningún dolor, sin embargo los dioses hacen que en el momento de querer concretar la infidelidad, el hechizado no logre la «tonicidad muscular» necesaria.

Esta tradición comenzó hace 25 años cuando el sacerdote mayor le recomendó el sistema a una señora que le confesó su sospecha. Confundida, la mujer le clavó las alfileres al miembro real de su marido, mientras éste (el marido) dormía.

Parece ser que la visión de las mujeres clavándole alfileres a penes con sus nombres, ha causado una impresión tan fuerte en los hombres de Kumamoto que los índices de infidelidad bajaron considerablemente.

(¿Este sistema no se podrá aplicar a las infidelidades políticas?). *

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