"Para aprender había que robar el oficio, usar la cabeza y preocuparse"
Bernardino Moreira – Lustrador de pianos
ernardino Moreira tiene 61 años. Nació en una familia de buena posición económica, que vivía bien y criaba seis hijos. Pero cuando era muy joven las cosas cambiaron.
Su padre quedó ciego y la madre tuvo que salir a hacer limpiezas, hasta que tiempo más tarde obtuvo un empleo en el Frigorífico Nacional.
A él le tocó salir a la calle en busca de ayuda. Y repartió leche y después vendió caramelos. Cuando cumplió 18 años consiguió trabajo en Casa Praos. Allí con mucha dificultad aprendió el oficio de lustrador de pianos, en una época en la que este instrumento formaba parte del mobiliario de la mayoría de las casas.
Se dedicó a este oficio durante muchos años, pero otra vez los cambios, aunque esta vez no fueron a nivel familiar, sino que la situación del país y las nuevas costumbres hicieron que la gente ya no comprara pianos.
Encontró una ocupación en una mueblería, pero a estos comercios también los afectó la crisis, así que con todo lo que aprendió de carpintería se decidió a trabajar en madera.
Hace varias cosas, pero su fuerte son los bastones. En un colorido y bien arreglado puesto, ubicado en Presidente Berro y 8 de Octubre expone y vende su mercadería, al tiempo que conversa con los vecinos que lo conocen desde hace mucho tiempo.
–¿Antiguamente el piano cumplía una función social?
–Sí, antes era una obligación social que al cumplir quince años, a las jóvenes se les regalara un piano, ahora a esa edad las muchachas tienen que salir a trabajar o hacer otras cosas. Se liquidaron los pianos, la gente ya no tiene poder adquisitivo para adquirirlos. Además aparecieron los órganos.
–Dice que fue difícil aprender el oficio de lustrador ¿por qué?
–Yo aprendí adentro de la casa en la que trabajaba. Me costó porque en ese entonces los oficiales no querían enseñar, se escondían para que no los vieran. Había un egoísmo total. Era un mal de la época, ocurría con todos los oficios. Para aprender había que robar el oficio, usar la cabeza y preocuparse.
No era como ahora que es fácil, yo le enseño lo que sé a quien me pregunte.
Y si todo sigue así, con el transcurso del tiempo hasta los artesanos van a desaparecer, ahora en los supermercados se encuentra de todo.
–¿Tiene un taller o carpintería?
–No, no tengo máquinas. Hago el modelo y lo llevo a algunos carpinteros que me los hacen. Los bastones los corto a medida aquí, con una sierrita.
–¿Tiene muchos clientes?
–Sí, porque tengo un cirujano conocido que hace operaciones de cadera y me manda a las personas. *
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