La columna amarilla

Jorge del Norte Parte II

Ayer te lo conté. El Jorge del Norte, El Bush, al ser acusado por el 55% de los yanquis de rascarse las botas a dos manos, quiso hacer que laburaba y se accidentó. Tanto se lastimó que llegaron varios cables de diferentes agencias de noticias informando el hecho. Aunque se contradicen. Unos dicen que se martilló un dedo, pero la secretaria de Vivienda asegura que la culpa fue de alguien que trabajaba junto a él y que se lo apretó (al dedo, por supuesto) con una tabla. Porque un presidente norteamericano podrá ser tan ignorante como para confundir Brasil con Bolivia, puede espiar a sus adversarios y comprar armas con fondos para la paz y hasta notarse su incultura cada vez que habla, pero no puede ser tan torpe como para martillarse un dátil. ¡Y menos si es un tejano, caráxo!

Si será trascendente la noticia que hasta hay una foto donde se lo ve al Busch levantando el dedito accidentado, ¡pobrecito, sana, sana, culito de gliptodonte, si no sana hoy… pónselo o pónte!

Bueno, tampoco es para tomarlo tan a la risa. Hay que ver que es el dedo con el que él sueña apretar el famoso botón rojo y volar a medio mundo. ¿Se acuerdan del habano de Clinton?, éste como es más derechoide no debe querer favorecer a Cuba ni en eso y seguramente apela a la forma tradicional. Además es el dedo de señalar –Tin marín de do pingüé– al próximo nominado para la pena de muerte. Y hay quien dice que es con el que se rasca el trasero cuando piensa. (No se ha podido saber en qué piensa cuando hace eso).

Estaba participando, simbólicamente, en la reparación de casas organizadas por la asociación «Viviendas para la humanidad», por eso declaró: (Sic) «Derramé mi sangre en nombre del humanismo».

(Sin comentarios). *

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