"La idea es expresarse"
Marcelo Ojeda y Daniel Ramírez – Malabaristas
s arte pero lo desempeñan como un trabajo. Llegan todos los días a las 11 de la mañana. Se ponen trajes coloridos, se pintan la cara y de sus grandes mochilas salen los «juguetes»: clavas, pelotas, diavolas y palos del diablo. Prontos para empezar el espectáculo que definen como un circo, el grupo «Las Pulgas» se instala en el cantero, cerca de los semáforos de Centenario y Avenida Italia.
Son dos amigos muy parecidos. Delgados, morochos, muy jóvenes y ambos usan barba. Se conocieron en la Escuela Pedro Figari, en donde aprenden a fabricar instrumentos musicales. Pero comenzaron a trabajar juntos tiempo más tarde. Fue un día en que se cruzaron mientras hacían malabares en la calle. Allí se dieron cuenta de lo bien que se entendían.
–¿De dónde surgió la idea de hacer malabares como un trabajo y no como juego?
M.O. Yo estoy en esto hace cuatro o cinco años. Conocí a un español y empecé a jugar con él. También influyó mi estadía en Buenos Aires, ahí estudié títeres y vi que ya existía terrible movida con los malabares. Es un juego que está bueno porque te hace salir a los parques a practicar, al principio lo hacía como un hobbie, después cuando me sentí preparado salí a la calle a trabajar. Siempre me interesó mucho la recreación y esto me da una herramienta más.
D.R.- Yo hacía música en los ómnibus. Interpretaba temas de Viglietti, Paco Ibáñez, pero era un tema que estaba saturado y vi en los malabares una salida laboral. Es un juego que me gustó desde chico.
–¿Cuál es la respuesta del público ante el espectáculo que ustedes realizan?
M.O. Buena, se saca para vivir. Nosotros tratamos de hacer un buen trabajo. No es eso de exigir una moneda, sino que somos simpáticos y cuidamos mucho la manera en que le hablamos a la gente. El problema es que la gente viene, se detiene porque no tiene más remedio y aunque le guste igual se debe ir porque cambiaron las luces. Por eso ahora hacemos funciones, que es un trabajo distinto y que nos permite combinar más cosas.
–¿En qué consisten las funciones?
M.O. Además de los malabares, hacemos teatro, zancos, títeres, máscaras, acrobacias, show para niños y grandes, eventos y promociones. Para eso tuvimos que aprender declamación por ejemplo, que nos permite proyectar la voz, hicimos talleres para mejorar la imagen, el movimiento, para aprender a entrar y a salir de escena.
–¿En dónde se desarrollan?
D.R. Muchas por contrato, vamos a cumpleaños, fiestas. Ahora conseguimos un espacio en el Cerrito de la Victoria para ensayar la función y para recrear con niños y adultos.
También estamos en el zoológico y cuando empiece el calor iremos al Parque Rodó. En casos de eventos y fiestas nos fabricamos un vestuario acorde con lo que el cliente pida.
M.O. El año pasado trabajamos con una persona que hacía eventos empresariales y tuvimos muchas fiestas.
–Se ven muchos malabaristas en la calle ¿está saturado ese arte?
M.O. Si hay mucha gente, se quemó. Por eso nosotros tratamos de incorporar más cosas y superarnos. Pero es bueno que sean muchas personas en esto, porque hay cantidad de niños de la calle que aprenden y se ponen a jugar. Es mejor que hagan malabares y no roben por ahí. Yo por medio de la recreación tuve la posibilidad de trabajar con niños muy pobres, con personas con capacidades diferentes, con chicos de Pocitos y de Carrasco. Eso me sirvió muchísimo. Ahora me gustaría estar con ancianos. Son cosas que dan experiencia. La idea es expresarse y superarse, seguir con el arte aunque tal vez más adelante no sea con los malabares. *
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