Un rayo de sol
escribe: Horacio Buscaglia
Hace más de 50 años la comunidad internacional, en Nuremberg, representada por quienes habían ganado la Segunda Guerra Mundial, buscó demostrar al mundo que no habían peleado por derrotar a Alemania sino al nazismo y al fascismo.
(La historia da cuenta de la profundidad de estas intenciones en cada una de las partes involucradas.)
Allí el mundo entero pretendió dar un «Nunca más», rotundo y demoledor, a las prácticas de quienes detentando el poder hacen de la persecución, tortura y muerte de sus adversarios una «política de Estado».
Y es entonces que las palabras «genocidio», «prácticas inhumanas», «Derechos del Hombre» y otras tantas conmovedoras expresiones, ocuparon un lugar de privilegio en el vocabulario de los luchadores por la libertad en todo el mundo.
Tuvieron que pasar 55 años de aquellos famosos juicios para que alguien fuera condenado nuevamente por el crimen de genocidio.
Radislav Krstic, general serbio culpable de ejecutar en la ciudad de Srebrenica a 7.000 prisioneros bosnios musulmanes fue condenado a 46 años de prisión.
Un poco más de dos días de cárcel por cada muerto, pueden pensar con dolor los parientes de estos asesinados. Sin embargo es una señal.
En estos 55 años han sido muchos los genocidios que se mantienen impunes. (De los grandes y de los «chicos», si es que pueden hacerse categorías en este terreno.)
También es cierto que tuvo que pasar en Europa para que se vuelva a juzgar, pero no deja de ser una ventana más, entreabierta, para poder ver el sol en este nublado mundo de hoy. *
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