Retratos urbanos

"El verdadero poder es la conciencia de cada uno"

 

José Antonio Núñez:  Fabricante y vendedor de plumeros

Distintas técnicas desarrolla para vender. Asegura que no es vendedor de gritos, prefiere hablar con la gente. Y de ese modo recorre los barrios ofreciendo sus plumeros. Va unos días a Carrasco, otros al Cerro, a veces Pocitos y otras a Suárez. No sólo ofrece en casas particulares, también son clientes suyos los comercios.

José Núñez vive en la Unión, tiene una fábrica en la que elabora su propia mercadería y cuenta orgulloso que con los plumeros no sólo mantiene a su familia, sino que crió ocho hijos. Tiene 42 años, empezó a vender a los doce. En ese entonces ofrecía frazadas y luego electrodomésticos. Dos años después fue jefe de un equipo de ventas.

Pero también hizo alguna cosa que nada tiene que ver con su vieja profesión. Escribió y distribuyó un periódico barrial en la zona de Malvín que tiempo después se extendió a Buceo. Allí estuvo hasta que discrepancias con el dueño del medio lo alejaron. Asegura que sin su presencia el periódico no pudo sobrevivir. Siguió con la venta y después de treinta años, se considera un profesional en ella y dice poseer su propio marketing. Se lo dio la calle y los años que lleva en ella, no tiene nada estipulado para acercarse a la gente, improvisa y afirma que le da muy buenos resultados.

–¿El plumero sigue vigente frente a la comodidad de la aspiradora?

–Sí. Son cosas totalmente distintas, es como el jabón y el agua Jane. Los dos son para limpiar pero cumplen funciones diferentes. Mundialmente se usa plumero, el polvo cría una arenilla que al apretar la franela raya los muebles y de pasar el cepillito de la aspiradora por los objetos chiquitos todos los días no hay tiempo.

–¿Se venden?

–Menos que antes, pero se venden. Hace años vendía 50 o 60 plumeros por día, hoy si logro vender ocho o diez es mucho. En una ferretería o un bazar se puede vender alguno más, al por mayor.

–La gente está cansada de tantos vendedores y desconfía cuando llaman a la puerta por temor a los robos ¿cómo lo recibe a usted?

–Bien, porque las personas distinguen entre un vendedor y un ratero. El miedo existe, ahora se abre la ventana en vez de la puerta, antes me hacían pasar adentro. A mí la gente me conoce, sabe que siempre vendí plumeros y me atienden sin problemas. Yo les digo que nunca sentí que alguien dijera «vino un vendedor cargado de plumeros y me copó la casa». El que trabaja se reconoce, el que vende, no roba.

–¿Es cansador recorrer los barrios con los plumeros?

–Para mí no es un cansancio. Si tuviera que estar diez o doce horas sentado en una oficina me agotaría. Cuando veo a los camioneros que están 18 horas arriba de un camión me parece terrible.

–¿Cómo se fabrica un plumeo?

Con máquinas, muy similar a como se hacen las escobas. A las plumas se les hace una curación para que no tengan polillas. Después se arman los plumeros en una máquina, a la cual se inserta un palo. La pluma se mide centímetro por centímetro, una por una, clasificada según la utilidad: en autos y muebles se usa la más suave para que no raye, para techos y paredes se pone una más rústica. Lo último es pintarlos y terminarlos para que queden bien. *

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