Un metal fuera de control
Tres niños que viven en el asentamiento Primus, ubicado en Angel Salvo y Zufriategui, poseen niveles de plomo en sangre entre 20 y 28 microgramos por mililitro de sangre, según análisis realizados por el Ministerio de Salud Pública.
Wilma Yolanda Nan Techera, madre de los tres pequeños, dijo a LA REPUBLICA que Angel, de 4 años, posee 27.6 microgramos del metal por mililitro de sangre, mientras que sus hermanos, de 5 y 6 años registraron 24.3 y 20.6 mcs/ml en su torrente sanguíneo. El límite admitido por la Organización Mundial de la Salud es de 10 microgramos por mililitro de sangre.
«Estamos muy preocupados porque desconocemos las secuelas que esto les puede generar en el futuro. Sabemos que puede ocasionar daños neurológicos y en los huesos, pero las autoridades no nos informaron nada al respecto. Por el contrario, se nos dijo que no habláramos del tema con la prensa», manifestó la madre a LA REPUBLICA.
En el predio donde se encuentra ubicado el asentamiento viven 70 familias y 130 niños pero, hasta el momento, el Ministerio de Salud Pública no ha dado a conocer los restantes resultados.
Plomo en escuelas
Al menos tres escuelas de la zona registran índices de plomo en suelo que duplican los límites admitidos por organismos internacionales, según estudios realizados por la Dirección Nacional de Medio Ambiente.
En la escuela Nº25/26, ubicada en Basagoyti 2921, se detectaron 290 miligramos de plomo por kilogramo y 436 mg/kg de zinc, mientras que en la escuela Nº58/112, ubicada en Pedro Giralt 4362, la presencia del metal es de 276 mg/kg.
En la escuela Nº212, Carlos María Ramírez 1163, la muestras de suelo analizadas detectaron 234 miligramos de plomo por kilogramo y 348 mg/kg de zinc.
El límite admitido por organismos internacionales para predios no industriales es de 140 miligramos de plomo por kilogramo.
Políticas de Estado
Ayer, la Comisión de Vecinos «La Teja Vive sin Plomo», que integra la Comisión Interinstitucional que estudia el tema, entregó a la Comisión de Vivienda de Diputados un documento donde se hace hincapié en varios puntos que, a juicios de los vecinos, no fueron cumplidos por las autoridades competentes.
El documento señala que se siguen atendiendo los casos denominados «de riesgo», es decir aquellos menores que poseen más de 20 microgramos de plomo por decilitro de sangre, y que la falta de información, sobre todo a las familias afectadas, «hace que éstas no tomen real conciencia de la problemática».
«Basándonos en esto, agrega el documento, queremos saber lo que tantas veces preguntamos: ¿cuáles son las consecuencias según el tiempo de exposición y la cantidad de plomo en el organismo? Creemos no haber encontrado respuesta, pues ésta sólo se puede hallar tras un estudio serio y detallado que contemple la multiplicidad de factores. También hay una interrogante que nos inquieta mucho: ¿por qué se aconseja el silencio a la gente?».
Carlos Pilo, integrante de la comisión, dijo a LA REPUBLICA que existe información sobre menores afectados que, alejados o no del supuesto foco contaminante, les ha descendido el nivel en sangre de plombemia.
«También existen casos de niños que, en situaciones similares, se les ha detectado un aumento del nivel de plombemia. Nos gustaría saber a qué se debe esto», manifestó Pilo.
Otros de los reclamos es que de las seis policlínicas dispuestas en la zona sólo quedan dos. Incluso, el MSP anunció el cierre de otra en los próximos días.
«Queremos saber si esto se debe a que ya hay una política de salud pronta a aplicar y, si es así, tenemos derechos a saber cuál es. Nosotros solicitamos compromisos a corto, mediano y largo plazo a nivel nacional», afirmó Pilo.
En el documento se solicita también la participación de representantes de Educación Primaria: «Pues hemos detectado, en base a muestras tomadas por la Dinama, que de cuatro escuelas monitoreadas, tres de ellas tienen el suelo contaminado».
En tal sentido, Milka Pereira, también integrante de la comisión, sostuvo que llama «poderosamente la atención» que en estos centros educativos también se detectaron altos índices de zinc.
«Estamos preocupados porque no sabemos qué efectos puede causar este metal o la combinación de ambos en el cuerpo humano. Nuestro interés es en la salud total e integral. Queremos que se estudie el tema seriamente, sin miedos y sin intereses particulares, pensando en los más afectados, que son los niños», señaló Pereira. *
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