La reducción de la pobreza
A fin de reducir la pobreza en los países en desarrollo menos adelantados (least developed countries, LDC), sobre todo en un mundo cada vez más interdependiente, las políticas nacionales adecuadas y las instituciones serán insuficientes, a menos que se complementen con un contexto que sea coadyuvante.
En los últimos veinte años hemos presenciado de forma creciente la aparición de una «trampa internacional de la pobreza» que acarrea bienes y sueldos insuficientes, hambre y enfermedades, escasa educación, inseguridad e incapacidad para reclamar derechos, todo lo cual se influye recíprocamente en un nivel individual y familiar. Las causas íntimamente entrelazadas de la pobreza pueden de este modo apoderarse, no sólo de personas y de familias, sino también de comunidades enteras y de áreas pobres.
Para los países en desarrollo, la tendencia está clara. Como atestigua el informe «Países en desarrollo. 2000″, de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo, Unctad, el producto bruto interno per cápita en estos países en conjunto aumentó a razón de sólo un 0,9% de 1990 a 1998 y, excluyendo a Bangladesh, a sólo un 0,4%. Veintidós países se estancaban o retrocedían económicamente.
Además, dos terceras partes perdieron terreno frente a otros países en desarrollo y de bajos ingresos durante los años noventa. Factores que cooperan a ello incluyen la dependencia de las exportaciones de mercancías, el endeudamiento, el bajo ahorro interior, el limitado atractivo para los inversores extranjeros y la dependencia de la ayuda externa.
Tres cuestiones políticas son importantes para traducir el objetivo de la reducción de la pobreza en una actuación práctica y efectiva.
1º) La coherencia política global. La comunidad internacional debe mejorar la arquitectura financiera y el sistema de comercio internacional. Para los países pobres, el fracaso de una política comercial internacional efectiva es un elemento clave ausente en el sistema internacional de comercio actual. El desafío estriba en desarrollar una política al respecto basada en el mercado que contrarreste el impacto negativo de unos precios en descenso e inestables sobre la pobreza.
Una mayor coherencia política global puede lograrse también mediante una solución efectiva del problema de la deuda externa. Nosotros, en la Unctad, no estamos persuadidos de que un alivio suficiente de la deuda se esté fomentando a fin de asegurar una salida sostenible al problema de la deuda. Estamos igualmente convencidos, sin embargo, de que el alivio de la deuda no debe crear falsas expectativas, lo que podría ser de efectos muy destructivos para la actividad del sector privado. Debemos considerar también de qué manera puede atraerse una afluencia de inversión privada gracias a condonaciones parciales de la deuda frente a acreedores institucionales.
2º) La cooperación para financiar el desarrollo. Existe la necesidad de una aproximación conjunta al desarrollo financiero que busca sinergias entre recursos internos, afluencia de capital privado, ayuda oficial al desarrollo y mitigación de la deuda.
Los flujos de ayuda a países en desarrollo menos adelantados han ido disminuyendo, y se constata una ayuda oficial neta al desarrollo per cápita en términos reales inferior –un 45%– con relación a 1990. La mayoría de los países en desarrollo menos adelantados no reciben suficiente flujo de capital privado para contrarrestar este declive. Frente a tal horizonte, los flujos de ayuda deberán aumentar a fin de promover la movilización de recursos internos, una mayor inversión privada interna y flujos de capital privado.
Desde luego, una mayor ayuda no funcionará a menos que tanto donantes como beneficiarios adopten medidas para mejorar la efectividad de la ayuda. A este propósito, las directrices elaboradas por el comité de Ayuda al Desarrollo de la OCDE sobre actuaciones efectivas de ayuda constituyen herramientas útiles para promover el trabajo efectivo en este terreno.
Son, asimismo, necesarias unas perspectivas más innovadoras sobre la ayuda. Me complace informar que la Organización Internacional de Trabajo y Unctad han estudiado la posibilidad de aplicación –para los países africanos en desarrollo menos adelantados– de una perspectiva brasileña sobre la reducción de la pobreza. Implica el retorno de los niños de familias pobres a la escuela mediante un complemento de salario a sus familias, condicionado a la asistencia a clase. Tal perspectiva múltiple reduce efectivamente la pobreza y el trabajo infantil y promueve el desarrollo de capital humano. No se trata simplemente de un subsidio estatal, sino de una inversión social –un «subsidio que capacita»–, de acuerdo con la terminología de Amartya Sen.
3º) Las relaciones entre países en desarrollo menos adelantados y otros países en desarrollo. Actualmente, existen diversas asimetrías en el sistema internacional que dificultan a los países en desarrollo más adelantados ahondar en la industrialización y ascender en la escala tecnológica, en parte por la inestabilidad financiera global. Ello influye en que la relación entre los países en desarrollo más adelantados y los menos sea una relación competitiva más que complementaria.
Es necesario estructurar las relaciones de ambos grupos con el Norte, de modo que permita el afloramiento de acciones concertadas entre los más y los menos avanzados. La expansión de las economías de los menos adelantados puede proporcionar mercados a países en desarrollo más adelantados, y el Norte se beneficiará asimismo de este aumento de sinergias en tándem entre los países menos adelantados y los más desarrollados.
Debemos aprender notablemente acerca de las nuevas relaciones económicas globales, y tal es el punto en que debemos insistir en este decenio para una efectiva reducción de la pobreza en los países en desarrollo menos adelantados. Sin una perspectiva global no conseguiremos alcanzar nuestros objetivos comunes. Porque los objetivos del desarrollo mundial requieren medios de desarrollo mundial. *
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