Retratos urbanos

"A la gente le falta educación"

 

Angel Teodoro: Guarda de ómnibus

Dice que es hijo de paisanos y que nació en el pueblo en donde se reveló la Santísima Trinidad, el mismo de Tito Goncálvez y Alba Roballo. Cabello se llamaba el lugar, pero hoy se lo conoce como Baltasar Brum. Era católico entonces y se unió a diferentes grupos de jóvenes que trabajaban en la iglesia. Así recorrió el norte del país y se acercó a las necesidades de la gente. Más tarde vino la militancia, la cárcel y el exilio.

La familia viajó a Francia, donde estuvo ocho años. La democracia lo devolvió al país, allá por 1987. Al llegar se encontró con un Uruguay que ya no era el mismo. En el que no había lugar para los carpinteros a causa de los muebles armados que venían de Brasil. Entonces el oficio que lo acompañó siempre fue sustituido por la ocupación de transportista. La misma que combina con la militancia en el Movimiento de Participación Popular (MPP) y dentro del gremio de la Asociación de Cooperativas del Transporte (Ascot). Hoy desde su asiento de guarda en la Unión de Cooperativas del Transporte (UCOT) se acerca y conoce a la población. Su profesión le permite palpar la realidad de la gente y del país.

–En su juventud participó de un proyecto de la Iglesia Católica ¿en qué consistía y por qué lo abandonó?

–Trabajé en la Juventud Agrícola Católica (JAC), que era un movimiento especializado de la Iglesia, había otros más. Contenían gran formación social, fue un proyecto de vida de la época. A través de él crecí como ser humano y me acerqué a otros jóvenes rurales. Hicimos un proceso de integración uruguayo y latinoamericano. En esa época la Iglesia se reacomodaba y se adaptaba a los cambios. Pasamos a ser Dirección Nacional de la Juventud Agraria, se hicieron cooperativas agrarias, se entregaban semillas para praderas, huertas familiares, se fomentaron trabajos artesanales.

Con ese grupo de jóvenes creímos que podíamos cambiar la Iglesia, teníamos un compromiso auténtico cristiano. Pero no encontramos las respuestas adecuadas dentro de la estructura institucional de la Iglesia, que no ofrecía soluciones ante compromisos o necesidades reales de la gente. La mayoría terminamos en la militancia. Dentro del Movimiento de Liberación Nacional (MLN) había marxistas, ateos y verdaderos cristianos que dieron su fe y su compromiso cristiano.

–Con su regreso vino un empleo diferente, ¿el contacto con la gente por medio de él es distinto?

–Sí y me gusta. Los transportistas tenemos un gran privilegio que consiste en estar todos los días en diferentes barrios de Montevideo. En la 306 vamos de Casabó a Puente Carrasco. De la pobreza a la riqueza. Y mañana es de Cerro a Portones o de Gruta de Lourdes a Aduana. Conocemos y palpamos todos los barrios de la ciudad. A través de eso vemos las transformaciones que ocurrieron en el país. Antes en la 306 subían los trabajadores de Funsa, de textiles y fábricas de Veracierto, se ponían dos coches a las diez de la noche, hoy eso cambió, sólo sube algún obrero de la construcción que va hacia Punta Gorda. Es un contacto permanente con la gente y su problemática. De todos modos a la gente le falta educación y es una lástima que la Intendencia no la dé. Se debería enseñar a hacer fila para subir a los ómnibus o a bajar por la puerta de atrás, dos cosas que evitarían la acción de los pungas. *

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