Retratos urbanos

"Sólo corté el pelo cuando llegué a Uruguay"

Serafín Recarey – Peluquero*

 

Nació en La Coruña, España. Allí creció y luego de trabajar en la tierra, corría hasta una peluquería a mirar cómo afeitaban y cortaban el pelo. Así aprendió. Pero la situación de su país era mala. Las secuelas de la guerra no permitían recuperarse y junto a una hermana decidió dejarlo todo y probar suerte en América. Tenían noticias de unos vecinos que llegaron a Uruguay y les iba bien. Eso les dio el empujoncito que les faltaba e hicieron las valijas.

Hace casi cincuenta años que Serafín Recarey se instaló en Montevideo. Su primer hogar fue el Colegio Pío de Villa Colón. Los curas le ofrecieron la casa, la comida y un sueldo por su trabajo. La ocupación que le permitió salir adelante fue aquella que aprendió con sólo mirar, peluquero.

Al tiempo que trabajaba se hizo la casa. Y cuando se jubiló se fue a vivir en ella. Allí continúa con el oficio. Colocó en la primera pieza una peluquería y la decoró con una gran foto de los reyes de España y otra de Artigas.

La tiene amueblada al estilo de las de barrio, de las que quedan pocas. El sillón inmenso de pantasote negro son posabrazos, un espejo, varias tijeras y navajas, también algún frasco de fijador y de perfume. Champú no, porque ahí sólo se corta y se afeita.

Usa una túnica corta, de color azul. Hasta su casa se acercan los clientes de años y a veces va a domicilio. El resto del día lo dedica a cultivar flores, hacer la quinta y a la compra y venta de chatarra.

–¿Fue difícil aprender el oficio con sólo mirar?

–A mí me resultó fácil. Le tiene que gustar a uno, si no, cuesta. Pero no sólo me gustaba, sino que yo también quería tener algo para defenderme en la vida y poder trabajar. Al principio miraba y después empecé a ayudar. Sólo corté cuando llegué acá, en mi país nunca trabajé de peluquero.

–¿Qué tipo de cortes de pelo realiza?

–A veces hago el corte que le llaman modelado, si no, corto común, recorto el bigote y afeito. Depende de lo que pida el cliente.

–¿Con qué instrumentos lo hace?

–Tijeras, navajas, la máquina eléctrica. Ahora uso hojas de afeitar, esas de industria brasilera, porque el equipo de afilar está medio viejo y me lleva mucho tiempo afilar las navajas con él. Por el precio de esas hojas tampoco me vale la pena sustituirlo.

–¿Se mantiene la cantidad de trabajo desde la época en que usted empezó hasta ahora?

–Sí, a mí me conocen y vienen siempre las mismas personas. Tengo bastantes clientes, no me puedo quejar.

–¿Alguna vez pensó en actualizarse y competir con las peluquerías modernas?

–No, no. Yo siempre hice esto. Y menos a esta altura del partido. El qué viene acá queda conforme y lo sé porque vuelve. Además lo que yo cobro es accesible, puedo cobrar poco por trabajar en casa.

–¿Cuánto cobra por un corte de pelo o afeitarse?

40 o 45 pesos el corte. 25 por afeitar. Pero depende, cuando conozco a las personas y sé que no tienen, les cobro menos. *

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