La Divina Providencia

Para llevar adelante esta obra social se requieren alimentos, ropa, dinero, vehículos y un sinfín de cosas que surgen día a día. El dinero sale de los propios bolsillos de los voluntarios y de la Divina Providencia. «Quien tenga fe que crea. Cuando nos instalamos en esta casa una persona se comprometió a pagar el alquiler. Pero no lo hizo, no sabíamos cómo íbamos a hacer. Una mujer golpeó a la puerta de la casa de mi madre y le entregó mil pesos. Al otro día me paró un hombre en la calle y me dio otros mil pesos. No me preguntes cómo. Yo curaba a una persona con una pomada carísima y se me acabó. Le pedí a un médico conocido muestras para seguir con el tratamiento y no tenía, a los pocos días él recibió una donación de medicamentos y entre ellos venían quince cajas de la pomada», relata Martín.

Los alimentos también son donados. Los domingos una panadería les da bizcochos y los autos los ponen dos personas que se acercaron al grupo. *

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