Retratos urbanos

Ocupación desaparecida por la evolución

Carlos Sulffo Lechero

 

Era una época en que muchos comestibles se repartían a domicilio. Generalmente se recibían por la mañana o al mediodía. Así llegaba el panadero, el verdulero, el lechero. Y las familias, acostumbradas a esa modalidad esperaban día a día a los proveedores.

Carlos Sulffo fue lechero y recuerda esos tiempos en que se ganaba la vida repartiendo leche en un carro tirado por un caballo. Empezó cuando sólo tenía quince años, no le gustaba estudiar y entonces su padre que toda la vida mantuvo la familia con el reparto de lácteos, lo dejó encargado de uno igual pero en otra zona. Carlos creyó entonces, que él también sostendría a su familia y viviría del negocio familiar. Pero las cosas cambiaron y la costumbre de abastecerse en el propio hogar, se sustituyó por el deslumbrante paseo al supermercado.

Las viejas botellas verdes con tapitas de aluminio, quedaron convertidas por la tecnología en prácticas bolsas descartables. Más fáciles de transportar, y que además no generan el problema de guardar envases vacíos para canjearlos después por llenos.

Hace más de dos decenios que Sulffo tuvo que abandonar su trabajo, vender el carro y deshacerse de sus animales, fieles compañeros. Debió buscar un nuevo empleo, que encontró en una fábrica de pescado, pero asegura que no es lo mismo.

–¿Cómo se organizaba el reparto?

–Empezábamos con mi padre a las cuatro de la mañana, íbamos a Conaprole, retirábamos la cantidad de leche que necesitábamos y veníamos para Lezica, que era mi zona. Papá se iba otra vez a Conaprole, para cargar lo necesario para su reparto que era en Pocitos.

Yo llenaba el carro y con un empleado que tenía, salía a entregar a las siete de la mañana. Ya tenía los clientes y siempre hacía el recorrido de la misma manera. Respetaba el orden de entrega a cada casa, porque los clientes esperaban la leche a una hora determinada. A las dos de la tarde terminaba y me sentaba en casa a hacer números.

–¿Cuántos litros de leche se vendían por día?

Durante la semana unos 500. Los sábados se llegaba a vender 700, porque los domingos no trabajábamos, entonces nos compraban para los dos días. También repartíamos yogur, manteca, queso y crema doble por encargo. Se sacaba un buen sueldo. Además era trabajo seguro, uno sabía que todos los días contaba con tanta cantidad de dinero.

–¿Era difícil conservar la leche en verano?

–Conaprole la entregaba bien fría. Los sábados que se vendía más cantidad dejaba los casilleros en el galpón de casa tapados con bolsas de arpillera empapadas en agua fría, para conservarla fresca, y volvía a cargar el carro con ella a media mañana para continuar. La manteca la llevaba en una caja de espuma plast.

–¿Trabajar en un carro tirado por un caballo era sencillo y más conveniente que hacerlo en otro tipo de vehículo?

–Compré el carro y el caballo para empezar. Era más económico. Mi padre tenía una camioneta y trabajaba en ella. Los animales a mí me gustan, llegué a tener tres caballos y nunca pensé en sustituirlos por otro tipo de vehículo. En general era sencillo trabajar con el carro, recuerdo algún incidente como una vez que volqué. Fue porque los animales son seres de costumbre, yo quise cambiar el recorrido y el caballo no entendió y nos fuimos a una zanja. Rompí el carro y un montón de envases. Fue horrible también cuando me robaron el primer caballo que tenía, en ese momento era el único. *

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