Retratos urbanos

"La gente no tiene dinero para hacerse una extra"

LUIS BARBOZA – Encargado de una parada de taxi

 

Los clientes y conocidos le dicen Tito. Hace veinticinco años que trabaja en la parada de taxímetros de 8 de Octubre y Centenario. Empezó a los veintiséis, y se quedó. Los encargados de a poco se jubilaron o se fueron y él heredó el cargo. Hoy es el más viejo de los que allí se desempeñan y eso le permite tener una idea clara de los cambios ocurridos en el país, a través de su labor.

En la casilla que poco lo resguarda del frío y el calor siente un profundo pesar por la situación económica. Se preocupa por el futuro de los jóvenes, por él no, porque dice que ya vivió. Pero tiene dos nietas chicas y por ellas sí tiene que mirar.

Intenta encontrar soluciones junto a los usuarios de los coches, que se acercan a conversar… pero es tan difícil, que opta por proponer temas más blandos como el fútbol o el tiempo.

–Hoy en día tomar un taxi es un lujo o una necesidad. ¿Eso se refleja en su trabajo?

–Sí, claro. El trabajo en las paradas chicas bajó un setenta por ciento. Y a nivel de taxi descendió un cincuenta. El taxímetro hoy por hoy es un termómetro, acá se ve que la gente no tiene dinero para hacerse una extra. Antes se tomaba por placer, ahora sólo en caso de necesidad.

–Hubo épocas en que en las paradas se hacían colas y muchas de las personas que allí estaban eran clientes habituales ¿eso sigue igual o cambió?

–Los clientes que venían todos los días ahora lo hacen dos veces por semana. Recuerdo que había horarios en que yo sabía quiénes vendrían, los conocía.

Colas no se ven, de casualidad se juntan algunas personas, pero más bien si hay paro de ómnibus.

–¿Esta situación influye para que la parada no continúe abierta las 24 horas?

–Y sí. No vale la pena quedarse seis horas más por veinte pesos. A las doce o un poco después cerramos. Los viernes y los sábados son los días que se trabaja mejor, pero tampoco toda la noche.

–La remuneración no es un sueldo, es por propinas. ¿Cuánto se gana por día?

–Cien pesos más o menos. Hace años los jornales eran decorosos, si multiplica eso por setenta se da cuenta. Ahora con ese dinero no se puede vivir, pero hay que aguantarse, son muchos años en esto.

–¿Es sacrificado este trabajo por las bajas ganancias y las inclemencias del tiempo?

–Es como todo, debería estar mejor. En cuanto a lo económico yo no le veo solución, tendría que cambiar mucho la cosa para que mejorara o explotar por algún lado.

Por otra parte, yo acá me siento bien, no me puedo quejar, tengo muchas amistades. No hay tiempo de aburrirse. *

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