HISTORIAS DE COLOMBOFILOS

Palomas en carrera

Estas aves también fueron usadas en las épocas de guerra, como medio de comunicación. Hoy ya no cumplen esa función, pero constituyen un apasionante deporte para sus aficionados.

«La Valiente Mensajera» es una asociación de colombófilos que se dedica a la cría de palomas y a su posterior entrenamiento para competir en carreras.

Esta asociación trabaja con palomas mensajeras –que son las que siempre vuelven a su lugar o palomar sin importar el tiempo que tardan en hacerlo– pero no se las utiliza como tales sino que se las prepara para participar en carreras. Las competiciones se llevan a cabo todos los años, comienzan en junio y se extienden hasta fines de noviembre, con una frecuencia de una por semana. En ellas lo que se hace es transportar las aves a una distancia previamente establecida y luego se liberan para que retornen a su palomar, en el menor tiempo posible.

La competencia

Para competir existen categorías: A y B. Las que recién comienzan están en la B y las que salen campeonas pasan a la A. Otra distinción se hace entre pichones, mixtas y adultas.

El día de la carrera, las competidoras son llevadas en camiones hasta el lugar de partida. Allí permanecen un cierto tiempo hasta que se tranquilizan, pues el viaje les genera estrés. Luego se abren las jaulas y comienza la carrera. Las distancias son variadas, en algunos casos llegan a superar los 600 kilómetros. Se intenta que las palomas regresen en el día.

«El año pasado hicimos dos en Porto Alegre, que fueron un éxito. El tiempo que pusieron las aves fue de 10.34 horas en uno y de 10.38 en el otro caso. Hicieron un recorrido costero, bordearon la Laguna Negra; si lo hubieran hecho por tierra no habrían llegado. Son muy inteligentes», cuenta Carlos Bachi, otro colombófilo.

La velocidad la marca el viento y el estado del tiempo (nieblas, problemas de presión atmosférica). Generalmente se corre del norte. La velocidad máxima que puede desarrollar una paloma es de 250 kilómetros por hora y la mínima de 48. Los dueños de las ganadoras reciben diferentes premios que pueden ir desde electrodomésticos hasta medallas de oro o plata.

Los controles

Para controlar el tiempo que pone cada paloma en regresar, el primer paso es colocarle un anillo identificatorio en la pata cuando sólo tiene cinco o seis días de vida. Ese anillo funciona como la cédula de identidad y la acompaña siempre. Es de goma y lleva grabada una serie de números. Luego, en cada carrera se le pone otro anillo, con diferente numeración. Al retornar al palomar, finalizada la carrera, ese segundo anillo se saca de la pata y se introduce en un reloj digital que marca el tiempo. Mediante un programa de computación se obtienen los tiempos mínimos, sin dejar de contemplar el hecho de que cada ave tiene su palomar en un punto distinto. Es decir, no es lo mismo la paloma que vuelve a un palomar instalado en Peñarol, que la que regresa a uno de Pocitos, hay una variación de distancias. El reloj se coloca en un punto central y se hace la división distancia sobre tiempo, que da como resultado la velocidad. La distancia es medida por un navegador satelital, un GPS.

«Pensamos que la paloma también tiene uno, recibe impulsos de onda. Cada sitio de la tierra tiene un sistema de ondas diferentes. Un sistema terrestre electromagnético y eso es lo que ella percibe. Cuando está cerca de su lugar lo siente más fuerte. Según estudios realizados por los alemanes, tienen magnetita en su masa craneana que en contacto con el campo magnético terrestre hace que el ave logre orientarse», explica Bachi.

Las palomas tienen una vida útil para competir de ocho o nueve años. Luego se las pasa a reproducción. Aunque hay quienes compiten bajo la modalidad de incentivar al ave a retornar por poseer un nido, con pareja y pichones. Otros se manejan con el celibato y las ponen en reproducción al dejar de competir.

La Valiente Mensajera

Esta asociación existe desde 1997 –pero el deporte tiene más de 70 años– y es respaldada por el palomar del Ejército.

Cuenta con 120 asociados y 36 palomares. Algunos socios son colaboradores o suscriptores. Ellos por vivir en apartamentos o verse imposibilitados de participar en el deporte, se acercan a la asociación o reciben material. Pagan una cuota de 35 pesos (colaboradores) o de 25 (los suscriptores). Forman parte de la misma muchos niños, a los que se les facilitan las palomas. Uno de los objetivos de ella es sacar chicos de la calle y para ello se les brinda apoyo de modo que puedan dedicarse a esta actividad. *

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