"Si los zapateros de antes vivieran, tendrían que aprender de vuelta"
El local huele a cemento. Es viejo y está despintado. Tiene varias estanterías repletas de zapatos, de todo tipo, antiguos, modernos, más o menos nuevos y otros bastante gastados. De pareded a pared cuelga un cartel. El anuncia que al dejar calzado para reparar es imprescindible abonar una seña. Y al lado otro aviso indica que solo se fía a mayores de noventa años que vengan acompañados de sus padres.
Roberto Praiz, el zapatero, mantiene su comercio inalterable al paso del tiempo y la modernidad. Permanece en el local la mayor parte del día, aunque el trabajo es poco. Tiene dos compañías permanentes, un televisor blanco y negro en una repisa y el amigo que, según él, todo zapatero tiene para conversar mientras realiza su tarea.
Las máquinas también son muy antiguas, la compró mientras se desempeñaba en una fábrica de calzados, con la idea de independizarse después. Sueño que realizó a los 26 años, cuando ya llevaba doce de oficio. Afirma que los tiempos son difíciles para su profesión, y que la misma se encuentra en extinción.
–Actualmente se ven pocas zapaterías y usted afirma que su oficio desaparece poco a poco, ¿por qué?
–Quedamos pocos zapateros. Lo que ocurre es que ahora los zapatos son descartables, se rompen y la gente no los arregla, los tira.
No vale la pena, por los materiales que los componen. Y además se consigue calzado barato.
–¿Qué tipo de arreglo es el más frecuente?
–Lo que la gente trae más para arreglar son chapitas, alguna costura. La media suela ya no la pone nadie, se terminó. Con una costura a veces hay que salvar el presupuesto y no es fácil. Sobre todo en mi caso, que pago alquiler.
–¿Ahora se trabaja distinto que antes?
–Sí. Antes había dos clases de cemento, ahora se usan seis. Los materiales también son diferentes, todos no pegan igual. Depende del tipo de material el cemento que se va a usar. Antiguamente los zapatos eran de cuero o de goma, hoy tenemos además PVC, PR y MC. Si los zapateros de antes vivieran, se morirían, tendrían que aprender de vuelta. En esto, como en todos los oficios, siempre hay hay que actualizarse. Ahora se trabaja con más comodidad, porque los materiales son más flexibles. *
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