"Si volviera a nacer nunca haría esto"

La máquina de fotos está sola, en medio de la plaza. Es muy antigua. En sus costados se exhiben varias fotos como única propagada. Está pintada de rojo y el trípoide es blanco. El fuelle cuelga.

A un costado, en un banco dos amigos juegan un partido de damas.

Máximo, el fotógrafo es uno de ellos. Está muy abrigado y viste impecable.

Sólo va a la Plaza Independencia con su máquina cuando la tarde está linda y hay sol. Dice que es por sus ochenta años, que aunque no los represente, los tiene.

No considera el suyo un trabajo, es más bien un pasatiempo.

Hace cuarenta y tres años que se lo puede ver allí. Y ya es una costumbre, para los transeúntes y para él. No es una actividad que le permita vivir porque «hoy en día nadie puede vivir de esto», sólo le da distracción. Vive en Yaguarón y Nueva York y asegura que si se queda en su casa le da tristeza, porque estuvo toda la vida en la calle.

Cincuenta años cumplió en su profesión, antes fue empleado de almacén, de bar y del aeropuerto.

De este último se jubiló, y constituye su mayor fuente de ingresos. Pero no es la única, porque vive con su señora, también jubilada, su hija que trabaja y una nieta. Entre todos aportan un poquito y viven bien.

–¿Desde cuándo tiene esta máquina de fotos?

–Puede tener veinte o cinco años, porque estas máquinas se hacen. Antes venían extranjeros, rusos que las hacían, pero ahora las hace cualquiera.

Yo ya rompí media docena.

Esta la conseguí por casualidad, estaba abandonada, nueva. El que la tenía no sabía ni para qué servía.

–¿A la gente le llama la atención la máquina por lo antigua?

–Sí. Los extranjeros muchas veces le sacan fotos. Pero no me piden que les saque a ellos.

Se trabaja poco, depende del día. Hay días que saco dos, otros cinco y a veces ninguna.

De todos modos la gente queda contenta con las fotos. Fijesé que si yo con tantos años en esto no hago una buena foto… a mí me gusta cuando no me dicen nada y puedo elegir cómo hacerla.

–Por acá pasa mucha gente, ¿alguna vez fotografió a algún famoso?

–Sí, a Joan Manuel Serrat. Yo no sabía ni quién era. Vino con un amigo y me pidió una foto. Enseguida apareció un grupo de mujeres y ahí me enteré de quién se trataba.

Esas señoras después me compraron un montón de copias, vendí mucho ese día.

Después le saqué a jugadores de fútbol y otras veces a gente que en realidad no sé quiénes eran. Después me enteraba que eran famosos

–¿Tiene un archivo fotográfico?

–No. Lo tuve al principio, pero eran tantas que las tiré. El archivo está en la memoria.

–¿Le gusta trabajar con una máquina tan antigua?

No aburre. El que agarra esta porquería se funde, no tiene porvenir.

Si me muriera y naciera de nuevo nunca en la vida haría esto. Yo sigo para no quedarme encerrado en casa.*

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