La Lengua no es de Trapo...

Los adverbios son invariables

Hablando de las posibilidades de clasificar para el próximo Mundial de fútbol («matemáticamente tenemos chance»), se manejan posibles resultados de los partidos que deberá jugar la selección y se afirma que «son resultados bastantes probables».

Supongo que al lector ha de rechinarle tanto como a mí ese adverbio de cantidad con una absurda marca de plural, porque ya «desde los remotos tiempos de la escuela, en que penitencias y juegos partimos» –como bien dice el vals ‘Nenena’ (sí, esa joyita de W. Benavídez y Numa Moraes)–, desde entonces, repito, se nos enseñó que los adverbios son invariables. Los adverbios son esos determinantes (o modificadores o como usted prefiera llamarlos) que acompañan, modifican, agregan alguna nota distintiva a un verbo, a un adjetivo o a otro adverbio. Así como los adjetivos sirven para determinar al sustantivo, los adverbios determinan a esos otros elementos lingüísticos. Pero con la gran diferencia que aquéllos (los adjetivos) deben necesariamente concordar en género y número con el sustantivo que acompañan, mientras que los adverbios no deben hacerlo. Por eso decimos unas rosas hermosas; un carozo hermoso, haciendo variar el adjetivo hermoso según el género y número del sustantivo. En cambio, con los adverbios no ocurre eso; decimos El ministro miente descaradamente y Las transnacionales roban descaradamente; decimos también Es una actitud poco digna y Los ravioles están poco cocidos. El problema aparece con algunas palabrejas que pueden oficiar de adjetivos (cuando acompañan a un nombre) o de adverbios (cuando acompañan a un adjetivo). Poco y bastante son claros ejemplos de ello: debo decir Queda poca luz; Vinieron bastantes amigos, observando la estricta concordancia con los sustantivos. Pero en el caso que hoy me ocupa, la palabra bastante funciona sin duda como adverbio pues está acompañando al adjetivo probables.

–Pero Mendieta, usté está cada día peor. ¿Qué tienen que ver los resultados de los partidos con los ravioles y la dignidad?

–¡Qué lo parió! *

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