INTENTAN CREAR MARCO REGULATORIO PARA LOS GUARDAVIDAS

Una profesión desprotegida

Hay tres aspectos fundamentales que abarca la función del salvavidas: la prevención, el rescate y la asistencia de las víctimas. Uno de los grandes problemas que enfrentan los salvavidas es la falta de un marco regulatorio que proteja a los encargados de la seguridad en las playas.

La Asociación Nacional de Guardavidas (ANGU) presentó un proyecto a la Cámara de Diputados, por medio del cual se intenta establecer un marco legal para la profesión.

Según Jorge Simeone, director de ANGU: «Intentamos lograr un marco regulatorio que abarque todo el territorio nacional. Y pretendemos que él nos ampare en todos los aspectos que incluye el desempeño de la tarea. La gente no percibe que tenemos implicaciones penales en caso de fallecimiento. Si bien el título que nos otorga el Instituto Superior de Educación Física (ISEF) nos habilita para trabajar, también genera la obligación de asistir en casos de accidentes. Hay responsabilidades, derechos y deberes. Ante la inexistencia de un marco legal que nos regule, siempre dependemos de nosotros mismos. La protección que se debe dar a las personas tiene que ser la más adecuada. Ella se supone que se da de hecho, pero no de derecho».

Simeone agregó que hay muchos aspectos de la profesión que no están contemplados, como la exposición al sol permanente, el no tener un seguro, ni días libres. Dice además que si bien se cuenta con un aparato de seguridad en las playas, que asegura la vida de los ciudadanos y da un respaldo a la industria turística, pero no existe protección para el mismo.

Brindar a la población seguridad en las playas es responsabilidad de las intendencias, pero ANGU considera que también es un tema del Ministerio de Turismo y del Ministerio de Deporte, y que ambas carteras deberían participar en la parte presupuestal de los servicios de guardavidas.

Montevideo diferente

La asociación de guardavidas no sólo trabaja actualmente en la obtención de ese marco regulatorio, también intenta lograr que todos los salvavidas que se encuentren en actividad posean el título otorgado por el ISEF, que los habilite. Los que trabajan en Montevideo sí poseen dicho título, pero la situación cambia en el resto del país.

ANGU rechaza los cursos que se dan fuera del Instituto, por considerar que no son acordes con la responsabilidad de la tarea –salvar vidas humanas–. En los casos en que la función es desempeñada por «vaqueanos» o personas que si bien no son egresadas de dicho curso, aprendieron en la zona y tienen más de diez años de experiencia, se pretende que ellos logren la validación del curso o que tengan la posibilidad de realizarlo para la obtención del título.

«El curso nuestro tiene setenta años, por todos lados hay cursos fantasmas que ponen en peligro la vida humana. En ellos prima la avidez de ganar plata», asegura Simeone.

El curso que dicta el ISEF, depende del Ministerio de Deporte y tiene una duración de ocho años. Para realizarlo hay que cumplir con una serie de exigencias y los cupos son limitados. Este curso está avalado como muy bueno e incluye meteorología, mecánica de costa, prever y conocer los cambios que ocurren en la costa, la influencia de los vientos, etcétera. Conocimientos que se consideran fundamentales para ejercer la profesión y de los cuales carecen muchas veces otros cursos.

Una diferencia más entre capital e Interior se encuentra en el desempeño y la retribución por la función. Desde hace algunos años, luego de finalizada la temporada de verano, grupos de guardavidas se encargan de dar clases en escuelas y liceos a modo de difundir mediante charlas y videos, medidas de seguridad y prevención de accidentes en el agua (ver nota aparte). Para llevar a cabo esta tarea en Montevideo los guardavidas son presupuestados por la Intendencia. Mientras que en el Interior no ocurre de la misma manera.

«En Rocha, por ejemplo, la brigada de guardavidas tiene una asociación que le brinda servicios a la Intendencia de ese departamento, durante el verano. La Intendencia paga la hora en la playa y nada más. Todo lo referente a la prevención, lo realiza la asociación en forma honoraria el resto del año. Este año 68 guardavidas hicimos 273 rescates y no falleció ninguna persona en un puesto de salvavidas. Con una forma de trabajo muy artesanal. En el Interior se hace más que en la capital, sin una retribución», explica el presidente de ANGU.

La tarea del guardavidas no es, en algunos casos, reconocida e implica no sólo la destreza en el rescate, sino también el dominio de situaciones de pánico ante la eventualidad de un accidente. «En esta profesión el trabajo tiene que ser voluntario y de corazón, porque a la hora de tirarse al agua a rescatar a una persona en cualquier condición, si se gana sesenta pesos la hora, o 600 dólares da lo mismo. Hay una parte vocacional de entrega al trabajo que se da seguramente en bomberos o policías. Esa entrega de la vida por otra persona, sin primar la propia, es una caracterítica que no poseen todos los humanos. Hay poca gente que conoce la función, los que están afuera tienen otros intereses». *

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