La imposible convivencia con la droga
EDGAR BELLOMO – Diputado Alianza Progresista EP/FA
Con profunda preocupación voy a referirme hoy a un problema grave que está instalado en nuestra sociedad y que, lejos de corregirse o erradicarse, se agiganta día tras día.
Estoy hablando de la producción, venta y consumo de drogas, sustancias sicotrópicas y otros alucinógenos.
Estudios recientes confirman lamentablemente el aumento de oferta y consumo de estas sustancias, pero tanto como eso duele ver que no combatimos adecuadamente este fenómeno.
La presencia de estos elementos en prácticamente todos los ámbitos es alarmante, pero su circulación en cárceles, institutos educativos y deportivos resulta a estas alturas inadmisible.
Nos consta que los responsables de estos centros realizan esfuerzos muchas veces enormes para que ello no ocurra, pero lo cierto es que el problema continúa vigente y en franca expansión.
El crecimiento sostenido de delitos relacionados con estupefacientes, que alcanzan en el último año el 28% de incremento, nos debe llamar a la reflexión.
La droga está también detrás de muchos suicidios, fenómeno donde Uruguay tiene el triste privilegio de figurar en los primeros lugares de la tabla americana.
El consumo de alcohol –sobre todo entre la población más joven– es otro elemento que contribuye a conformar un panorama catastrófico.
La importancia de la familia, del entorno más inmediato, es también determinante. En ella descansa buena parte de la esperanza que depositamos en el futuro, pero no podemos desconocer el proceso de descomposición social que estamos sufriendo y que actúa en forma nociva en el seno familiar.
La situación económicamente angustiante, la falta de trabajo y horizontes complican un cuadro de por sí desesperante.
La ausencia de diálogo y de comprensión junto a un alto grado de intolerancia contribuyen a la violencia doméstica y son a menudo la antesala que conduce al consumo.
No obstante la gravedad de lo enunciado, creo que esta situación debe y puede revertirse.
Soy consciente de que el combate no se limita a la represión; juegan un papel fundamental la prevención, la educación, el tratamiento y la rehabilitación.
Pero atención: sin el apoyo decidido de las fuerzas del orden público, de la Justicia y de los medios sociales de comunicación, no lo lograremos.
No bastarán las instituciones creadas, las acciones ya emprendidas, la más encomiable labor educativa, ni aun la más amplia participación de docentes, estudiantes y padres.
Hay que declararle, y en serio, la guerra a la droga. Porque no se puede convivir con ella. La derrotamos o nos derrota.
El Estado tiene posibilidades de combatir real y efectivamente el tráfico ilícito de drogas. No todo es negativo. Muchas cosas se están haciendo, muchas otras comienzan a intentarse y ahora se enciende una luz esperanzadora. La medida adoptada por la Jefatura de Policía de Montevideo de recibir directamente y procesar las denuncias en los móviles policiales, sin duda contribuirá en forma por demás positiva. La gente se sentirá más segura y entonces colaborará.
Espero que en un futuro no lejano logremos encarcelar y desalentar a todos los que están envenenando impunemente a nuestros jóvenes. Para devolvernos la esperanza y para que la maldad comience a perder batallas que signifiquen su derrota. Estamos todos comprometidos y convocados. No podemos permanecer indiferentes. En esto nos va la vida. *
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