El valor de la palabra
ERLEY QUINTEROS, Psicólogo social
Todos tenemos ganas, en algún momento, de decir, o escribir algo, y muchas veces nos callamos, pues creemos que decir aquello que sentimos nos pone en una posición en la cual no tengamos aprobación, otras veces creemos que decirlo no se entendería y cometeríamos algún perjuicio. Pero en realidad esas por lo general son especulaciones propias internas muchas veces que sólo responden a nuestros prejuicios e inseguridades; o por falsos valores de una cultura que niega la expresión desde el colectivo, desde el sentir y que se nos exige que expresemos aquello que tenemos racionalizado, estudiado, masticado bastantes veces, como para que se pueda «entender» o para que en sí podamos explicar después.
En realidad todo esto es sólo un límite en nuestra expresión, quizás no será lo más brillante que quisiéramos, pero se trata únicamente de darle el valor que sólo tiene la palabra, que es comunicarnos, hacernos entender, poner afuera aquello que sentimos y empezamos a descubrirnos nosotros mismos, al saber como sentimos, es decir también nos comunicamos hacia adentro. Pues entonces me parece que solo debo decir a quien quiero desde hace mucho tiempo; que me siento orgulloso de haberla conocido, que le doy las gracias por ser como es, por haberme posibilitado conocerla y haber aprendido con ella, gracias por reflejar en su rostro, en su figura la valentía, la esperanza, la serenidad y la confianza. Y descubrí que todas estas cosas en el fondo, es amor y es verdad pues para amar hay que ser valiente, es más fácil sentir poco, no decir lo que se siente, esconderse por miedo al ridículo, pues vivimos tiempos de insensibilidad, pues como se dice «la vida es dura» y no hay tiempo para estas cosas. Estamos más preocupados por los mercados, la economía, el dólar o la devaluación y no tiene mucho sentido pensar en el valor de la palabra. Y quizás el valor de la palabra es que tiene la suerte de que no cotiza en la bolsa, tiene la maravilla de que cada uno le puede dar el valor que quiera, porque sólo se trata de cuanto ocupa en tu interior. Quizás sea ese el valor de la palabra.
Están aquellos que se han dicho desde adentro, tienen el valor de ser únicas, hay otras que tienen el valor de ser justas, otras son hermosas, otras causan dolor o bronca o alegría, otras confunden y nos engañan, otras tienen el valor de ser antiguas y están las nuevas, las que se imponen como modalidad para esperar algo que todo lo explica, es decir una palabra económica, para ahorrar, es decir para que tengamos que pensar menos, hay algunas de estas palabras que tiene el valor de estar de moda y muchas veces las usamos casi sin pensarlas, y están las palabras sencillas y que por lo general son las que más nos dicen o nos conmueven, quizás este sea un buen valor para la palabra. Muchas veces pienso en ti y me gustaría escribirte las cosas más lindas y trascendentales, pero no soy bueno para eso, pero como siempre pasa hay otros que se expresan maravillosamente y que es bueno volver a recrearlos, la poesía tiene ese valor, el de haber sido escrita para siempre, para que podamos recrearla y decirle a otros y a ti lo que realmente me gustaría escribirte o expresar.
A veces /Por su puesto/Usted sonríe/Y no importa lo linda/O lo fea/Lo vieja /O lo joven/Lo mucho/O lo poco/Que usted realmente sea/Sonríe /Cual si fuese /Una revelación/Y su sonrisa anula /Todas las anteriores/Caducan al instante /Sus rostros como marcas/Sus ojos duros/Frágiles/Como espejos en ovalo/Su boca de morder/Su mentón de capricho/Sus pómulos fragantes/Sus párpados/Su miedo/Sonríe /Y usted nace /Asume el mundo/Mira/Sin mirar /Indefensa /Desnuda/Transparente/Y a lo mejor /Si la sonrisa viene /De muy/De muy adentro /Usted puede llorar/Sencillamente /Sin desgarrarse/Sin desesperarse/Sin convocar a la muerte/Ni sentirse vacía /Llorar/Sólo llorar/Entonces su sonrisa /Si todavía existe/Se vuelve un arco iris .
Creo que estas poesías de Mario Benedetti te reflejan inmensamente y por eso quisiera también decir corazón, pues eso es lo que sos: corazón, sencillo, corazón que no descansa, que arremete, corazón que se repone día a día para seguir, para brindarse, corazón solidario.
Sos valentía ante todo, corazón inmenso que nos cobija, corazón de libertad, porque desde hace algún tiempo para decir, amor, valor, coraje y dolor sólo hay que decir Sara porque…
«hay almohadas de plumas/ hay almohadas de siesta/ de lana/ de vientre/ de muerte/ pero no todas/ están en el secreto/ ni todas saben/ evacuar/ las consultas/ la tuya tiene/ un pozo/ donde ajuntas/ la nuca/ y en las noches/ amargas/ hundes/ ojos y lágrimas».
Todos sabemos de tu labor paciente y consecuente, buscando a tu Simón contra toda adversidad, contra todo ocultamiento, para encontrar a Simón robado de tus brazos.
Por eso sencillamente quiero decirte ¡Sara te quiero! *
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