Bendita "mili" salvadora
RAFAEL SANSEVIERO, Analista
Aparentemente la noticia se perdió en el torrente de acontecimientos, principalmente económicos, que agobian la atención pública. Pero la opción hecha por un grupo de jóvenes uruguayo y argentino/hispanos, de contratarse en el ejército español para poder «probar suerte» en la península, actualizó desde lo inesperado, el debate acerca de las renovadas tendencias migratorias, procedentes de éstas, a muchas otras tierras. La novedad de las deserciones, lejos de debilitar el impacto del acontecimiento, lo potencia. Se han producido muchas respuestas, pero sobre todo, queda sobre el tapete un dato: muchos jóvenes compatriotas, del sur, aceptan en otros países, lugares que por aquí descartan.
La ingobernabilidad migratoria
Mientras los problemas de la gobernabilidad migratoria siguen ventilándose en torno a temáticas largamente debatidas, el mundo configura conflictos nuevos en torno a la tensión existente entre la globalización cultural y económica, y una ciudadanía trasnacional, particularmente joven, trabada en sus posibilidades de realizarse tanto por las inequidades locales e internacionales, como por los bloqueos a la circulación y relocalización de las personas.
Si bien los datos crudos de la economía explican 1, tanto como los persistentes enclaves de violencia 2, las principales motivaciones migratorias y desplazamientos poblacionales, la calidad de los mismos, el punto de partida, la trayectoria y la manera en que el migrante vive su situación y destino, se enriquecien con nuevas pespectivas .
Los esfuerzos internacionales hacia la gobernabilidad de las migraciones tienden a orientarse al desarrollo de la capacidad de construir una visión que valore el aporte de las migraciones y no sólo sus supuestos efectos negativos; a definir políticas que permitan vincular a las migraciones con las estrategias de desarrollo económico de los países y con los esfuerzos de construcción de verdaderas sociedades multiétnicas y policulturales; apostando a la diversidad.
La ciudadanía trashumante
Para una gran parte de las personas, dice Margarita Barreto, «la ciudadanía hoy es, antes que nada, tener derecho a poseer aquello que otros poseen» 3. Ser ciudadano ya no es estar al amparo del estado en que el sujeto nació y tener dentro de él derechos políticos, civiles y sociales. La ciudadanía se refiere a las «prácticas sociales y culturales que dan sentido de pertenencia»4
Tener acceso a las aplicaciones tecnológicas de la información y la comunicación, no sólo reduce, para una parte de las poblaciones, espacio y tiempo a una magnitud nula (cero), sino que permite participar de un imaginario global en el que se ventilan los contenidos de la época y en el que el individuo puede instalarse, (cree que) como en casa propia. Desde ese lugar, el conflicto con lo local no tiene, para muchos, otra resolución que el salto hacia el extranjero, en busca de las oportunidades que en casa le son negadas. La exclusión, vivida como un impuesto que cobra la época a vastas regiones del paneta, es enfrentada (a)saltando a los ghetos del techno/consumo/; el norte. Asumir la marginalidad como peripecia personal aparece como un camino para la superación de la exclusión (principalmente en relación a las posibilidades de capacitación y consumo) de la propia comunidad: se trata, en esta lógica, simplemente de traspasar la frontera que demarca territorios en el apartheid de oportunidades que caracteriza a nuestro tiempo.
Leyes de extranjería mediante, el enrolamiento de los jóvenes rioplatenses en el ejército español, es resultado de la búsqueda de resquicios a través de los que descifrar los enigmas de la época, y forzar el ingreso a un lugar que, a la distancia, sienten como propio; donde siente que su potencial personal es viable, pero que a un tiempo los convoca y los rechaza.
Las políticas, si es que se desea enfrentar este tipo de emigración, necesitan un abordaje que no se agote en los factores económicos. La hipervaloración de éstos potencia las tendencias a la desagregación social. Los aspectos culturales adquieren una particular relevancia, especialmente aquellos que permitan recomponer el tejido de relaciones sociales y afectivas entre los individuos y la comunidad; particularmente los que vinculan a cada generación con la totalidad de la historia colectiva.
1 El ingreso promedio anual per capita de los países con bajos ingresos creció, entre 1965 y 1980, de U$S 140 a U$S 270; en los países industriales, en el mismo período, se pasó de U$S 8.800 a U$S 14.400. Para 1994, en los primeros alcanzó la suma de U$S 380 y en los segundos, ascendió a U$S 23.400 (Banco Mundial, 1996)
2 Hasta noviembre de 1995 la población desplazada por violencia en Colombia se estima en 750.000 personas. Es decir uno de cada 50 colombianos se encuentra en situación de desplazamiento. El 55% del total de la población desplazada por violencia en Colombia es menor de 18 años, es decir, aproximadamente 412.500 niños que huyeron con sus familias por presiones de diversos actores armados. El Sistema de Información de Hogares desplazados por Violencia en Colombia Sisdes, desarrollado por Codhes, precisa que el 12.72.% de la población infantil desplazada corresponde a los menores de 5 años, el 19.78% oscila entre 5 y 10 años, el 12.78% entre 11y 14 años y el 9.03% tiene entre 15 y 18 años. Equipo Editor Nizkor, Madrid. 1997
3 «Los estudios de consumo cultural en diversos países muestran que, en la nuevas generaciones, las identidades son menos organizadas por los símbolos de la historia patria que por los de Hollywood o Benetton» García Canclini N. Citado por la Dra. Margarita Barreto de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Estadual de Campinas, en Ciudadanía Globalización y Migraciones
4 Idem anterior. *
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