"El verdadero poder es la conciencia de cada uno"
Omar Corbo Canillita
El quiosco está ubicado en Garibaldi y Carlos Anaya. Allí se venden diarios, revistas y golosinas. Recostado a una de las paredes de lata, hay un cartel en el que se lee «En apoyo a MIDU». El frío es mucho y la lluvia no se detiene, el canilla se refugia adentro. Apenas hay abierta una pequeña ventana que le permite el contacto con el público. En el interior el dueño juega al ajedrez con un amigo.
Tiene sesenta años y el oficio de canilla desde hace cuarenta. Su vida atesora varias ocupaciones. Fue empleado de la construcción, trabajó en fábricas de cartón, en AFE, hizo «changas», participó en diferentes organizaciones políticas y sociales. Pudo ser atleta y hasta le ofrecieron desempeñarse como comentarista deportivo. Pero tuvo que relegar sus aficiones. Explica que pocas veces la gente humilde puede dedicarse a lo que le gusta, con más razón cuando hay que mantener una familia.
No siente pena al hablar de lo que pudo llegar a ser sino hubiese influido el factor económico. Pero sí siente algo más fuerte que traduce como indignación e impotencia al ver las cosas que ocurren a su alrededor. Eso motiva la colocación de carteles como el que exhibe. Dice que no es la primera vez que coloca uno, lo hace porque tiene la necesidad de crear conciencia y de romper en cierto modo con la indiferencia ante quienes la pasan mal.
–¿Cómo se le ocurrió hacer este tipo de cosas?
–Yo creo que todo lo que se pueda hacer, hay que hacerlo. Las soluciones están. Con esto trato de generar conciencia, un poco de opinión. Tendríamos que ser muchos más los que hacemos este tipo de cosas. Pero vivimos en el no te metas, no hagas, hacé la tuya. La gente no se da cuenta que eso nos lleva a estar aislados.
–¿En algún momento intentó contribuir a mejorar la situación del país de alguna otra manera?
–Sí. Integré organizaciones no gubernamentales. En ellas se hablaba de pobreza, de hambre, de frío y la mayoría de las personas que estaban ahí tenían su buena dieta, su calefacción, no sabían lo que es el frío y el hambre… pero hablaban. Hay que aprender lo que es sentir esas necesidades para poder elaborar diagnósticos reales. Si se le pregunta a una persona que se le dio una casa cómo va a entrar el caballo y el animal es su herramienta de trabajo, lo deja afuera y se lo roban, entonces qué va a hacer, lo entra. O cuando tiene frío y no tiene con qué calentarse, arranca el parqué, en ese momento es más importante el frío que conservarlo. Como decía el Padre Cacho «hay que enseñarles a pescar, no darles los pescados». Yo creo que todo pasa por conciencia.
–¿Y cómo se crea esa conciencia?
–Todos somos conscientes de la interacción humana que hay. No se puede escapar. A veces miramos con desprecio al viejo, al jorobado. Y es un proceso, todos vamos a ser ancianos, y yo no seré jorobado pero a lo mejor tengo alguna joroba en el alma. La gente debe interesarse realmente por los problemas de los demás.
–¿Desde su punto de vista, hay alguna solución a la falta de interés por los problemas ajenos?
–Las soluciones están en la política. Es la base de todo. La gente no toma conciencia, se habla mucho del poder. Se maneja la idea de que el poder son las armas, pero el verdadero poder es la conciencia de cada uno. *
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