Una computadora es lo suficientemente grande como para llevársela en el bolsillo del saco. Pero si hay gente que tiene cocodrilos en los bolsillos, bien podrÃa tener una computadora.
Si le hacemos caso a los augures que anuncian el fin de libro por el uso de las computadoras, uno podrÃa pensar que alguien podrÃa dejar olvidada una de ellas en el baño.
Aunque, debo confesarlo, tener una computadora en las faldas mientras uno está sentado en la “biblioteca blanca”, me parece incómodo. Pero claro, hay gente que es capaz de hacer cualquier cosa con tal de entrar en la “Sociedad de la Información”, hasta de agarrarse un ciberestreñimiento.
Vaya uno a saber qué clase de distraÃdos hay en el Codicen: “Podrás creer que traÃa una computadora en la mano y no sé dónde la dejé.”
Digamos que pudieron perderse una y hasta dos computadoras.
Y si queremos ser generosos podemos decir tres o cuatro, porque las computadoras son todas tan parecidas que capaz que alguien se lleva una creyendo que es la suya y después cuando llega a la casa y descubre que no era, resulta que el nene se encariña con ella y le pone nombre, duerme abrazado a ella y cuando querés llevarla de nuevo al Codicen ella, la computadora, te mira con una carita que te da ganas de agarrarla a besos… y además son muy guardianas.
En fin, que ni con toda la imaginación del mundo uno puede justificar la falta de 297 computadoras. Y mucho menos el que esto salga a luz sólo a través de una denuncia. Y cuando el tema está vinculado a la enseñanza, el delito se agiganta. Tanto como se agiganta la desidia, la falta de responsabilidad social y el menefreguismo de quienes son responsables por todo esto.
Y digo yo ¿esto, cómo se arregla? *
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