"Me conoce todo Montevideo, hasta los carritos que pasan"
Es de madrugada, apenas son las cuatro de la mañana y el despertador anuncia que es hora de comenzar el día. José Pedro Palacios inicia su jornada todos los días a la misma hora. Con sus sesenta y ocho años, a su cuerpo cada vez le cuesta un poco más resistir el frío. No sólo al levantarse tendrá que soportarlo, sino que será hasta que caiga la tarde. Y esa es una de las condiciones que debe cumplir para ganarse la vida. Cada día emprende el mismo camino y realiza la misma rutina. Desea que llegue el fin de semana, y esos dos días los dedica al descanso.
Mientras cuenta cuánto falta para el sábado, parte desde la Gruta de Lourdes hacía Agraciada y Capurro. Toma dos ómnibus, retira la mercadería de la casa de un amigo que se la guarda, e instala su puestito de golosinas.
Va bien abrigado, con un sombrero de cuero y varios buzos debajo del saco gastado. Se lleva la comida para ahorrar algún peso. Detesta cocinar, pero como vive solo, no tiene más remedio que preparar algo rápido y que se pueda comer frío.
Para los vecinos de Capurro es una persona familiar en el barrio. Pasan y lo saludan, conversa con todos. «Me conoce todo Montevideo, la gente me ve desde el ómnibus, otros me conocen de vista, yo habló con todo el mundo, hasta con los carritos que pasan», comenta orgulloso.
–¿Por qué eligió este lugar tan lejos de su domicilio para vender caramelos?
–Porque me gustó, yo no lo conocía. Busqué y busqué, miré por todos lados y éste me pareció el mejor.
Hace quince años que vengo, desde que me jubilé. Acá la gente es toda buena. Donde yo vivo no se puede hacer nada, hay muchas personas malas, de mal vivir.
–Por su forma de hablar, no parece montevideano, ¿dónde nació?
–Soy de Durazno, me crié en campaña. Vine hace treinta años. Toda mi familia se quedó. A veces extraño un poco, pero estoy habituado a vivir en esta ciudad. Allá no había trabajo y pensé que acá tendría más oportunidades. Trabajé durante mucho tiempo, completé los años para jubilarme pero la jubilación sola no alcanza para vivir.
–¿Qué tipo de trabajos realizó antes de dedicarse a la venta de golosinas?
–De todo. Siempre hice lo que me tocó. Puedo hacer cualquier cosa. Me jubilé de la Caja Rural y de Industria y Comercio.
–Trabaja de seis de la mañana a seis de la tarde. Son muchas horas, ¿hasta cuándo piensa hacerlo?
–Sí, es mucho, se siente más en invierno, cuando llego está oscuro. En verano es más lindo, pero ¿qué voy a hacer? Otra cosa no hay. En lo único que podría trabajar sería de sereno, para ganar un poco más y tener donde quedarme, pero a mi edad no es fácil conseguir. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad