PROHIBIDO PARA NOSTALGICOS

EL CAFE SOROCABANA DEL PALACIO SALVO

Se intentó que funcionara en un salón de la calle Yi casi Colonia pero el hechizo se había perdido. Mucho se escribió sobre El Sorocabana de la Plaza Cagancha pero casi nada del que estaba en el Palacio Salvo. Ambos se inauguraron por el año 1939. Por los tiempos del dictador Terra y cuando apareció un libro que lucía un falso Picasso en la tapa y tenía como título «El Pozo» firmado por un desconocido Onetti.

Por su ubicación en 18 y Andes tenía muchos transeúntes que de apuro se tomaban un cafecito «de parado» y al toque salían disparados con sus enormes portafolios hacia las cercanas oficinas. Su peculiar perfil lo daban personajes más o menos notorios que recalaban en un salón mucho más pequeño que su similar de la Plaza Cagancha y de otra sucursal en la Ciudad Vieja. También existieron sucursales por los barrios Goes y la Unión y luego en el Interior del país. De los clientes habituales se destacaban los actores de los radioteatros de la vieja Radio Nacional que se reunían a media tarde luego de sus presentaciones en la fonoplatea de esa emisora. Entre estos estaba «el gentleman» Julio Alassio y las jóvenes Aurora Rodríguez junto a Mecha Bustos que finalizó su extensa carrera en el inolvidable «Decalegrón» de Saeta. Por estar ubicado debajo del Palacio Salvo, ese Sorocabana se nutrió mucho de sus residentes y ocasionales visitantes. La enigmática escritora Armonía Somers que vivía en el piso 10, todos los viernes bebía solitaria su café. Hojeaba el Semanario «Marcha» que había comprado en el kiosco «Palace» en un extremo de la galería que llamaban «la pasiva». Otra residente del Salvo que era vista en esas mesas fue la poeta Idea Vilariño cargada de libros en su época de docente.

En los veranos en «El Soro», al decir de sus parroquianos, se bebía un rico «café frío» servido en un gran vaso con una larga cuchara para revolver como si fuera «un capuchino». La escritora Reyna Reyes degustaba esa exquisitez mientras esperaba a Felisberto Hernández que tocaba el piano en un radioteatro de CX 46 Radio América que también tenía sus estudios en el Salvo. Don Paco Espínola le compraba muy seguido libros a un señor que por los años 50 ponía una larga mesa en ese pasaje de «la pasiva». Luego, Don Paco armaba su tabaco, bebía café y acariciaba las páginas con sus ojos vivaces escondidos detrás de los lentes redonditos y de armazón de metal. En la calle Andes estaba la pequeña librería «Papacito» cuyo dueño y el joven Ruben Castillo eran vistos seguido bebiendo café y charlando con franca amistad. Pibes de liceo que se hacían «la rabona» compartían una «Bidú» y secreteaban bajito si en el Cine «Mogador» estaba aquella boletera morocha que los dejaba entrar a ver las «películas prohibidas». Los timberos que iban al «Sport» de Andes, al lado del «Teatro Artigas», también fueron habitués a las tardes del Sorocabana. Antes de cerrar sus puertas, se podía ver en ese Sorocabana a estrellas como Piazzolla, Horacio Ferrer y Amelita Baltar que al llegar a Montevideo se hospedaban en el cercano «Hotel Crillón».

Con más recuerdos y música los esperamos los domingos a las 18 horas en CX 40 Radio Fénix AM 1330. También en Internet: You Tube «Prohibido para Nostálgicos».

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