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  • Oscar Alvarez. La presentación de su colección otoño-invierno fue un desfile de buen gusto

    París bien vale una cena

    Con una ambientación absolutamente centrada en la magia de París ­desde la música hasta la buena comida y los detalles en el vestuario­, Oscar Alvarez volvió a presentar su moda, hecha para mujeres sobrias y bien posicionadas, sin estridencias. Un pasaporte para que su público fiel se sienta bien.

    Escrito por: Alejandrina Morelli | PUNTA DEL ESTE alejandrinamorelli@gmail.com

    Martes 08 de febrero de 2011 | 05:37
    Elegancia. Oscar Alvarez no defraudó a su público, que busca sobriedad y estilo.

    La voz de la Piaf, del gorrión de París, diciendo “nada, no me arrepiento de nada, ni de lo bueno ni de lo malo que he hecho”, resonaba entre los pinos, frente a la Laguna del Sauce, y hubiera podido ser un sueño.

    Inesperadamente Oscar Alvarez lanzó esta canción conmovedora para el cierre de su desfile, y quienes, por casualidad, nos encontrábamos en ese momento afuera, el desfile se alejó lo suficiente como para verlo de otra forma, como un espectáculo, más vinculado a la música, la escenografía y la puesta en escena que estrictamente a la moda.

    El “leit motiv” del desfile fue París. Y no solo la moda tuvo ese toque en boinas, capelinas, colores y estilos, sino que toda la musicalización y ambientación estuvo vinculada a la gran ciudad que para Enrique IV bien valió una misa, y para los comensales participantes un tique de U$S 130 que incluía la cena.

    El lugar elegido, el Club del Lago, con una piscina enorme iluminada desde dentro y salpicada de islas, dio un marco aún más espectacular. Y el entorno natural de pinos y médanos cubiertos de césped y pinocha cerraban el cuarto círculo: el vestido, la ambientación, el club y este cinturón de naturaleza que, como un lente de aumento, podía empequeñecer o engrandecer todo a su alrededor, según de qué lado se mirara.

    La moda de Oscar Alvarez, el motivo de este encuentro, no tuvo sorpresas en cuanto a su estilo. El modisto más renombrado de Uruguay diseña para sus clientas, para un público definido que lo sigue y se mantiene fiel a su moda. Va dirigido a un segmento de mujeres mayores de 40, de alto poder adquisitivo, que quieren estar a la moda pero sin extravagancias, empresarias, diplomáticas, altas funcionarias del Estado. Para ellas Alvarez es una marca tan impuesta como los sándwiches de miga en un cumpleaños infantil. Un pasaporte para sentirse bien.

     

    Sobriedad

    Hoy en día las pasarelas están llenas de estrafalarios diseños que nunca nadie podrá ponerse para salir a la calle o de chicas lindas que muestran la cola. En este caso nada de eso pasó. Hubo conocidas modelos, como Analía Arigón, Claudia Galván o Victoria Zangaro, que lucían vestidos ajustados, trajes sastres modernizados con cortes y flecos y bellísimos vestidos de fiesta que adelantaron la moda otoño invierno y que podía llegar a comprar cualquiera de las comensales que estaban viendo el desfile.

    Las modelos pasaban, sin pasarela, entre las mesas y solo al final subían al escenario para marcar un poco esto: “está a su alcance, es como para usted”.

    Lo sexy estuvo jugado en detalles, en insinuaciones, salvo algún juego de faldas que se revoleaban al viento, como al pasar.

    Tal vez se jugó un poco más en la moda de K. Barbot, de las jóvenes diseñadoras Chiara Defféminis y Florencia Lecueder, que anticipó el desfile de Alvarez, con ropa para jovencitas.

    El menú, de la chef Marilú Caamaño, acompañó la parisina propuesta: para recibir a los invitados paté de foi, tapenade y diversas mantecas de anchoas, de hierbas y de roquefort para acompañar riquísimos panecillos. De entrada Vol ­au- vent (una bella manera de decir masa de hojaldre) con champignon y jamón fumé (ahumado), y de plato principal Coq- au ­Vin (pollo al vino). Mousse de chocolate con helado de postre.

    El nombre del evento, claro, fue “Paris je t’aime” y las modelos, peinadas por Vicky Sisniega, lucieron calzados de la firma brasilera Datelli, bijouterie de Carolina Aramburu y tocados de María Gómez Haedo.

    El mérito de que el desfile se haya transformado en un show digno de verse es, sin duda, del arquitecto Carlos Arbeleche, que estuvo a cargo de la producción general, rodeado de un equipo de profesionales que mostraron su talento, como Claudio Rivas en la coreografía, Rodolfo Da Costa en la escenografía y la espectacular musicalización e iluminación de Vito Lampariello.

    En la presentación estuvo Sonia Baldi y en relaciones públicas y prensa María Shaw.

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