Nueva Palmira. Niños juntan granos de los camiones

Estrategias de supervivencia

Son los chicos que recogen los granos de soja que caen de los camiones, los embolsan y los venden entre las familias del barrio. Lo que comenzó como una diversión, se convirtió en fuente de ingreso familiar. Las autoridades tampoco descartan que haya un acopiador explotando a estos niños.

A veces juntan un par de kilos, desparramados en la calle o en la banquina.

Pero ya encontraron una alternativa más eficiente para juntar varias bolsas al día: invisibles a los ojos de los camioneros, los más bajitos se meten sin ser vistos debajo del camión estacionado y abren las trampas debajo de la caja para llenar rápidamente varias bolsas «estamos trabajando para ofrecer una alternativa familiar a esta situación emergente» dijo a LA REPUBLICA el Jefe del Inau Colonia Licenciado Luis Purstcher «como toda actividad económica genera nuevas formas de estrategia familiar de superviviencia. En algunos casos y en el puerto en particular ahora está comenzando de esta manera» confirmó.

Las autoridades de Nueva Palmira tienen contabilizadas al menos cuatro familias, de los barrios más humildes de Nueva Palmira, que son las que envían a sus hijos a realizar esta tarea. El INAU en conjunto con autoridades de Nueva Palmira trabajan para solucionar esta situación «estamos trabajando con el juzgado local, la comisaría de la Mujer y la Familia, el hospital local y tenemos trabajando profesionales de los servicios locales a los efectos de profundizar en el conocimiento de estas familias, la situación en la que están los chicos, los aspectos educativos, sanitarios, para elaborar alguna línea de acción que nos permita sacarlos de una situación dónde están corriendo riesgos» señaló.

Los profesionales de distintas áreas vinculadas a la atención social trabajan para determinar si detrás de este fenómeno no existe también una cadena mercantil.

Desde el INAU no sólo se trata de sacar a los chicos del puerto sino ofrecer alternativas familiares que permitan encontrar otras rutas de salida que no sean la de enviar niños al puerto a juntar los granos que caen de los camiones «tenemos que dar atención rápidamente a esos gurises y ver como logramos que esas familias busquen otra forma de aumentar sus ingresos» explicó Purstcher.

Una docena de niños corren entre los camiones y muestran una realidad que contrasta con la bonanza económica que vive la franja portuaria de la ciudad.

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