Inconsciencia. Muchos incurren en conductas peligrosas y no se hacen el test

VIH-sida: preocupan los casos no diagnosticados

En Uruguay hay 10.852 personas portadoras de VIH-sida, lo que representa un 0,42 por ciento de la población. Si bien la prevalencia de la enfermedad es baja, nuestro país tiene que afrontar varios desafíos.

Uno de los problemas principales es el subregistro de los afectados por el mal. «Hay personas que tuvieron una práctica de riesgo, como mantener relaciones sexuales sin protección, y no se hacen el test. Hoy por hoy uno de los mensajes más importantes es que resulta fundamental que cualquier individuo que haya tenido una conducta peligrosa concurra a su médico y solicite el diagnóstico de VIH-sida. A partir de eso es mucho más probable un pronóstico positivo», dijo ayer María Luz Osimani, directora del Programa Prioritario ITS/SIDA del Ministerio de Salud Pública (MSP).

«En la actualidad, la enfermedad es una patología crónica. Contamos con personas que hace 25 años que son portadores pero trabajan, estudian, están integrados a la sociedad. El tratamiento, que es en lo que más se ha mejorado, permite una calidad de vida adecuada», resaltó Osimani tras el acto de conmemoración del Día Nacional de Lucha contra el Sida.

La jerarca destacó asimismo que en Uruguay el tratamiento cubre al cien por ciento de los diagnosticados, pero hay carencias en lo que refiere a la prevención ya que, por cuestiones económicas, es muy difícil desarrollar campañas extensas.

 

Segregación

Otro punto que preocupa a las autoridades es el que remite a la discriminación de los afectados por la enfermedad. Osimani hizo especial hincapié en los transexuales y los trabajadores sexuales, quienes, muchas veces, son expulsados del sistema educativo y del ámbito laboral. Se trata de personas que pueden tener dificultades para acercarse al sistema de salud y suelen ser destratados por su orientación de género, indicó la directora del programa ITS/SIDA. Según informó Osimani, se está trabajando para conocer en qué ámbitos ocurren casos de segregación.

También hay que tener en cuenta que ciertos grupos poblacionales, tanto sea porque presentan conductas de riesgo o mayor vulnerabilidad, sufren una mayor incidencia de la patología. En esta categoría se encuentran, por ejemplo, los trabajadores sexuales, los HSH (hombres que tienen sexo con hombres), los usuarios de drogas inyectables y las personas trans, que tienen tasas de prevalencia de 8%, 9%, 9,5% y 36,5%, respectivamente.

 

El contagio vertical

La vía de transmisión por excelencia del VIH-sida continúa siendo la sexual, que alcanza el 64% de los casos. El 15% de las infecciones se produce a través de la vía sanguínea. Este porcentaje se ha visto reducido en comparación con años anteriores gracias al descenso del uso de drogas intravenosas.

La transmisión vertical (de madre a hijo) llega al 3%, concidiendo en muchos casos con la sífilis. Osimani enfatizó que estas cifras generan un llamado de atención porque pueden deberse a que las embarazadas y sus parejas sexuales no concurren a tiempo a los controles. «Si una mujer encinta que es portadora de VIH se hace el diagnóstico, que es obligatorio por normativa nacional, e inicia el tratamiento, va a lograr que su embarazo sea más saludable. Además, la transmisión al niño va a ser mucho menor, casi nula. También hay que tener en cuenta que, muchas veces, nos olvidamos del padre quien, siendo diagnosticado a tiempo, evitará contagiar a su pareja», explicó Osimani.

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