Jóvenes. Siguen abandonando el medio rural

La vida de campo no es para cualquiera

En el campo uruguayo la mayoría de los productores son empresarios que han llegado de la ciudad. Son los que pueden aguantar la volatilidad de los mercados y las crisis climáticas. El empresario busca en el campo prestigio social y calidad de vida; si el negocio es rentable mejor, pero no le va la vida.

Daniel Lujambio es un productor ganadero que tiene su establecimiento en la zona de Polanco, en el departamento de Lavalleja. Criado en el campo junto a su familia, se ha mantenido en la actividad, en los buenos y en los malos tiempos.

En la actualidad tiene poco más de cien hectáreas de campo, que ha ido comprando poco a poco, y arrienda un campo forestado de casi mil hectáreas. Su producción ganadera tiene como centro un rodeo de 200 vacas. A esa actividad le agrega otras.

«Compro terneros, les meto kilos y armo lotes. Compro en las ferias». Es un negocio para el que hay que tener paciencia. Te tiene que gustar la feria ganadera, un centro de actividad social que, según Lujambio, «aglomera gente del sector y es donde te podés enterar de negocios, de campos que se arriendan». Cree que «es muy importante para el ganadero el manejo de la información de primera mano, en el pago mismo; es la más complicada de conseguir».

Lujambio aclaró que «el contacto con la gente, en la feria, te va dando conocimiento sobre el origen de la información y, según quien te la da, se aprende a creer o a desconfiar».

 

Cambio

En dos décadas el paisaje humano de la campaña ha ido cambiando. El ganadero típico ha sido sustituido por los inversores, que son los que predominan en todos los parajes de nuestra campaña. «El inversor es el que aguanta en el campo», afirmó Lujambio.

Mucha gente que hace su capital en otra actividad, citadina, se ha volcado al campo. «A veces lo hacen por el propio ego que crece con el ser estanciero, con invitar a los amigos a comer un asado, o para mejorar la calidad de vida de la familia.

Además la inseguridad del dinero puesto en los bancos ha quedado en evidencia, luego de las crisis financieras nacionales e internacionales, entonces el tipo tiene el dinero en algo seguro, que es la tierra, y lo disfruta. Si le da rentabilidad mejor, pero no le va la vida», opinó.

Un valor agregado tiene que ver con conseguir un buen vínculo de los hijos con la vida rural, por eso si «uno entusiasma a un gurí con los caballos, aunque no sea negocio, uno consigue sacarlo de la tentación de la droga y las malas juntas», comentó.

 

Manejo

Lujambio trabaja sin personal, lo que en cierto modo limita posibles manejos más complicados. «El bajo valor del dólar determina que el costo de tener mano de obra contratada sea muy alto, y uno no se puede comprometer para luego no poder cumplir», dijo el productor.

El bajo valor del dólar es el principal problema que padece una familia que vive de la producción rural, vende su producción en dólares y tiene que afrontar su presupuesto en pesos. Lujambio puso como ejemplo que para ir y volver a su establecimiento, tiene un gasto de cien dólares por semana, sólo para ponerle combustible a su camioneta, que es una herramienta de trabajo. «Cuando tenía veinte años andaba en moto, y más a caballo. Se puede hacer, pero los años van acobardando», contó.

 

El campo

Lujambio se define como «bien agropecuario», pues pertenece a una familia que se crió en el medio rural: ocho hermanos que fueron saliendo desde el campo y siguieron diferentes caminos. Contó que fue el único que no hizo secundaria. «Mi vieja quería que todos estudiáramos y yo, como no hacía fuerza me fui quedando, pero nunca me pesó. Se aprende de todos lados, es una cuestión de querer aprender», aseguró.

El tema de la juventud y el campo es recurrente y la gente se sigue marchando. «Es un mal mundial: el hombre es un ser social. El campo es difícil para un joven que quiere tener por lo menos una novia en el pueblo y en el medio del campo no ven muchachas ni en fotos; en el pueblo por lo menos les podés pasar cerca», comentó.

Otros problemas se refieren a las comodidades y el tema central es el de la electricidad. «Yo me cansé de andar a oscuras, la comodidad la queremos todos y la vida de campo es dura: tenés que salir y salir, con temporales de frío o de lluvia», ejemplificó Lujambio.

De todos modos la vida rural entusiasma a muchos. «Yo escucho a gurises que dicen que les gusta el campo, pero siempre pienso que si se tienen que quedar todos los días, a veces el fin de semana sin ir para el pueblo, y que llega la tardecita y se escucha sólo el bramido del toro… No es fácil para los muchachos», afirmó.

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