TIENE LA PALABRA
La Selección de fútbol y el festejo de los uruguayos
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
Ha sido una actuación inesperada la de nuestra Selección. Insólita por lo obtenido. Estamos todos muy orgullosos de lo realizado por este «equipo».
Y lo pongo entre comillas, porque no sólo abarco a todo el equipo que estuvo en Sudáfrica, sino también a todos los que elaboraron las políticas, que fueron limpiando a nuestro fútbol de la influencia de personajes, por lo menos inconvenientes. Y allí estamos todos los que hemos cambiado en 2004, y seguimos sosteniendo ahora esta otra forma de ver al mundo.
Lo anterior no quita que debamos analizar cuanto de lo que creemos importante nos sucede.
Siento tranquilidad, satisfacción, orgullo, serenidad, confianza, optimismo… ¿Bastantes cosas, verdad? Y yo mismo o cualquiera podría agregar otros conceptos similares.
Pero… no estoy alegre (ojo, ya lo expliqué, tampoco triste), pero no me da para festejar.
Y no soy tan exigente de festejar sólo el título, no. Al ver mucha gente, joven en su mayoría, festejar en 18, me pregunto si no seré una «rara avis».
¿Acaso soy un antisocial, ermitaño, gris, vetusto, desechable?
Cierro los ojos, hago silencio y … nada, sigo sintiendo lo mismo.
A medida que voy analizando me vienen ganas de llorar, pero esto no tiene nada que ver con el fútbol, u otro deporte, no.
Si lanzara la pregunta «al boleo», seguro que alguien me diría: «Pero no te das cuenta que esos jóvenes nunca vieron llegar tan lejos a Uruguay. ¿Qué tiene de malo que festejen?
Voy a usar una palabra con muchas acepciones: «Principios».
No están relacionados con el tiempo, como cuando decimos : «A principios del siglo XX…».
Tampoco refieren a espacio físico. «Al principio del camino…», no va por ahí.
Ojo. No se trata de principios morales o éticos, no. Esos «principios» los dejamos para los que se dedican al Derecho.
Tampoco me refiero a los principios de la Física, que son la base de todo el andamiaje científico. Estos son duraderos, pasaron casi tres siglos de Newton a Einstein para que se sacudieran algunos. Tal vez dentro de poco haya novedades, pero ya nos enteraremos.
Quiero referirme al principio de realidad, muy utilizado por la Sicología. Dicen que cuanto más nos alejamos de él, más desequilibrados estamos.
En la década del 60 del siglo pasado un tal Umberto Eco (Lingüista, griego) ya nos advertía sobre los «mass medias». A la sazón, medios de comunicación masiva. Nos alertaba sobre el peligro de los mismos, si no eran utilizados correctamente.
A muy grandes trazos, podríamos decir que empezaron con el objetivo de divertir, de entretener. Pero para mantenerse debieron hacer publicidad. Y cuando alguien advirtió que por allí se vendía muy bien, se invirtieron los términos. Ya no se vendía para entretener, sino que se entretenía para poder vender, a gusto. Y para eso fueron necesarias técnicas para lograr convencernos que «necesitamos» de ciertas cosas que producen los otros medios, los de producción precisamente.
Y muchas de esas técnicas se especializan en hacernos «sentir» que deseamos tal perfume, tal lavarropa o… tal gobernante.
Una figura preclara de estos medios, llegó a decir hace un par de décadas, que el mensaje no importaba, que el medio era el mensaje. Este señor nos dice que la gente que sigue a su medio piensa y siente como el medio quiere. Y por tanto…el medio es el que les dice cómo vivir…¿qué tal?
Hace una semana al menos, estamos asistiendo a un bombardeo constante, sobre lo bueno y festejable que es la actuación de nuestra Selección. Los medios mostraron a la gente festejando a toda hora y lugar. En Canadá un grupo de uruguayos, en Artigas las caravanas, etc. Vimos y gritamos (TV mediante) cada gol 7.654.321 veces. Entonces… «Yo tengo que salir a festejar» Y para algunos: » Yo debo festejar…» Y para otros : «Yo festejo, luego pienso».
LUIS FERNANDEZ [email protected]
El fútbol
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
Es una pasión que nos acompaña desde siempre, desde 1924, 28, 30, 50, la historia futbolera nos persigue con mayor perseverancia que la propia historia patria; los uruguayos podemos olvidar algunos de nuestros héroes, pero no a quienes vistieron la camiseta celeste.
Casi se podría decir que es como una adoración a cada uno de esos instantes, no importa si los hemos vivido o si nos los han contado, siempre existe un momento, un instante inolvidable en cada una de esas instancias, acompañado de un nombre consagrado.
Es capaz de hundirnos en la tristeza más profunda o en la alegría más inmensa, de hacernos gritar hasta el delirio, dejarnos las gargantas enronquecidas, abrazarnos a un desconocido, casi se diría que precisamos la compañía de alguien para poder exteriorizar nuestras emociones.
Se nos pueden aflojar las piernas, nublar la vista y hasta desmayarnos, es que se nos estremece el corazón y las coronarias, se altera todo nuestro cuerpo, es algo inexplicable, pero es así.
Puede en un solo momento provocar un solo grito en millones de gargantas, hacer que millones de brazos se levanten con los puños apretados, hacer llorar a niños y adultos y crear la necesidad de correr y saltar en una locura desenfrenada.
Es algo casi universal, es un sentimiento que no podemos controlar y por eso una pelota entrando en un arco y golpeando las redes, nos puede provocar tristeza, desazón o alegría sin fin.
Es capaz de provocar momentos de suspenso donde hasta el corazón parece detenerse, acompañados al instante de un corazón que quiere salirse del pecho y gritar junto con nosotros.
Por eso el grito de ¡Gol! debe ser la expresión más entusiasta y espontánea que guardamos en nuestro interior, en particular si le ponemos nombre y apellido:
Nombre: ¡Uruguay; apellido: ¡Nomás!
EDISON CONDINS
La gran responsabilidad de la Celeste
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
Los atletas orientales mostraron una sana humildad, una disciplina férrea, acompañada de una defensa impecable y una delantera temible. Puede que nos falte en el medio, alguien que entregue pelotas. Pero eso es lo que nos sobra en la cancha, Holanda ganó a Brasil, jugó mejor, puso en la cancha lo que le faltó a la Selección canarinha. Nosotros dejamos en el camino a nuestros hermanos en el subdesarrollo los duros rivales de Ghana, las Estrellas Negras, esta vez la mano de dios fue Celeste, y junto con el mesías Muslera y el resto de los apóstoles el Gran Maestro nos brindó el milagro al pueblo elegido…Uruguay.
La derrota de Argentina ante Alemania fue inapelable y los germanos ganaron bien.
El pueblo hermano de Paraguay cayó con honor y a mi criterio sin merecerlo, los españoles vencieron, pero no convencieron.
Los resultados se fueron dando y hoy tenemos que ser conscientes que los hinchas de Uruguay fueron creciendo.
Por eso no debemos alegrarnos de las derrotas de Brasil y Argentina, menos de Paraguay.
Debemos saborear la felicidad, de que aun sin jugar muy bien, hemos llegado a una instancia gloriosa.
Ya no somos la Selección de un país, estamos siendo la Selección, la bandera de un continente…Hoy Uruguay no tiene 3 millones, hoy tiene 800 millones de gargantas que gritan «¡arriba Uruguay!»
De cinco equipos sudamericanos que pasaron a la segunda ronda, uno a uno fueron bajando los brazos, en medio de sacrificios y lágrimas.
Nuestros atletas cargaron sobre sí, la gran responsabilidad y el aliento del pueblo
latinoamericano.
CARLOS OLVEIRA
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