La satisfacción de lo logrado
Caso
Uruguay es uno de los cuatro mejores cuadros de fútbol del mundo. Cada uno de los habitantes del país ha pasado en este campeonato mundial desde los temores e incredulidad iniciales a ver crecer sus expectativas. El camino se hizo día a día creíble, posible, anhelado y acompañado con toda la energía de un pueblo que desde hace muchos años no conseguía en su conjunto creer en sus posibilidades.
Comentarlo
La vida es como una carrera de salto de vallas. El camino para alcanzar el objetivo deseado está plagado de escollos que se deben sortear uno a uno. Prepararse para cada instante como si fuera el único y último es el secreto que habilita llegar al final de la carrera. Este ejercicio de ir paso a paso aquilatando en cada instante todas las posibilidades, teniendo fe en las propias capacidades y sabiendo que se pondrán en juego todos los recursos para lograr el objetivo deseado es el mejor pasaporte para llegar al éxito.
La satisfacción es el saldo favorable que queda luego de haber alcanzado un objetivo. Por supuesto, en la vida no todos los objetivos son posibles y a veces la frustración suele ser el resultado de no haber podido alcanzar una preciada meta. Sin embargo, la conciencia de saber que en la lucha se hizo lo mejor que se pudo, se puso lo mejor que se tenía, permite superar la instancia no favorable. Sabiendo que poner en cada momento lo mejor que se tiene o se puede no significa hacer algo a la perfección, ya que ésta no existe en la dimensión humana. En cada circunstancia vital y en forma inevitable, intervienen muchas variables que se conjugan de forma de crear condiciones de incertidumbre. En cada momento existen algunas variables que pueden ser controladas y dependen del esfuerzo personal, de las propias habilidades y de la experiencia personal como bagaje que acota esa incertidumbre, pero siempre existen algunas otras que no pueden ser controladas a voluntad. El conjunto lleva al éxito o al fracaso en cada momento de la vida y ese partido se juega instante a instante en la fracción de tiempo presente. Del resultado de cada uno de los «presentes» de la vida es que se va construyendo la convicción de lo que cada uno en lo personal o en lo colectivo puede lograr.
La experiencia de sucesos positivos, de acciones efectivas, de resultados óptimos se almacena en la memoria con el saldo de satisfacción que alimenta la autoestima individual o colectiva. Ese saldo de satisfacción es la vivencia subjetiva de haber logrado aquello por lo que se luchó y es el mejor antídoto para superar las circunstancias no favorables o no deseadas. Por otra parte esas experiencias positivas también habilitan a tener confianza en la propia valía y en las capacidades desarrolladas.
El resumen de cada uno de los escollos que se va superando en forma favorable, de cada una de las dificultades sorteadas con creatividad, con solvencia, con tesón, va dejando como saldo experiencias que abren la confianza y confirman la creencia de que «se puede». Ese saldo no debe desperdiciarse, debe ser visto y apreciado como el mejor alimento para la autoestima. Y esa autoestima elevada es el mejor remedio para superar las frustraciones y mantener la capacidad para continuar soñando en venturosos futuros.
Uruguay había atravesado por un largo período de derrotas, de esperanzas rotas al punto que su autoestima en términos futbolísticos había quedado muy menguada. Sin embargo, en algún momento se empezó a reconstruir desde las coordenadas del «presente» la fuerza para luchar, para superar dificultades y ganar. Se empezó así a reparar la capacidad para soñar, para creer y también la capacidad para apreciar los logros obtenidos. El saldo de este proceso fue ver en cada presente vivido la oportunidad para alcanzar los objetivos, la posibilidad para luchar, sin críticas, sin repartir culpas, simplemente cada uno dando lo mejor de sí, poniéndolo todo. El resultado es satisfacción y un incremento de la autoestima en lo individual y en lo colectivo.
Este proceso es el que, a partir de la actuación de nuestra Selección, la población ha vivido como colectivo. Su mayor y mejor saldo es que se reconstruyó la confianza en lo posible, se restableció la capacidad de reconocer los esfuerzos realizados, se reconstruyó la posibilidad de creer y entonces soñar. Especialmente la capacidad de soñar, apoyada en el reconocimiento de lo que ya se ha logrado es lo que habilita mantener la autoestima alta y seguir luchando, seguir creyendo, seguir soñando.
Esta Selección ha tenido el mérito de sacudir la modorra de la incredulidad, de la crítica destructiva y de la imposibilidad de llegar a alcanzar los antecedentes gloriosos perdidos en un pasado histórico pero no vibrante para las generaciones jóvenes.
El saldo de la actuación de nuestro seleccionado en este Campeonato Mundial no sólo ha sido aumentar la autoestima colectiva sino mucho más que eso, se ha reconstruido la capacidad para soñar y proyectarse al futuro. Se ha ganado nada más ni nada menos que la experiencia de saber que luchar con lo mejor y lo máximo que se tiene, en cada momento del «presente» es la clave para tener como saldo satisfacción, confianza y capacidad para seguir soñando. ¡Felicidades Uruguay!
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