ESTRATEGIAS PARA LA INCLUSION DE LAS PERSONAS CON DISCAPACIDAD PARTE II
La formulación del principio de normalización abre una etapa de revisión de los conceptos aplicados al mundo de la discapacidad, pero en su formulación sigue siendo «inofensiva» para el medio social. Acá es el sujeto con discapacidad el que debe realizar esfuerzos por acercarse a su medio, aunque comienza a existir la necesidad de que el medio sea el que dé pasos de aproximación.
Este principio comienza a tener una importante presencia en la formulación de políticas de intervención sobre la discapacidad y su principal consecuencia será la presentación del documento «Informe Warnock» (1978), en reconocimiento a Mary Warnock que presidió el equipo de trabajo encargado de redactar dicho informe, donde se plantea el principio de la integración en el ámbito escolar. Además, se manifiesta que todos los niños tienen derecho a asistir a la escuela ordinaria de su localidad, sin posible exclusión. Y cuestiona la identidad de las personas con una deficiencia que derive en limitación de aprendizaje, diciendo que presentan una necesidad especial, por lo tanto, precisan también atenciones especiales, respetando el derecho a la educación dentro del sistema ordinario.
Se empieza a hablar de «integración social» o «integración laboral», convirtiéndose, como en España, en normas de máximo rango. La integración, en versión personal y libre, quedaría entendida como: la incorporación, por derecho propio, a un grupo para formar parte de él. La integración reivindica derechos legítimos y propios que son inherentes al sujeto y que se deben reconocer. Está basada en la legitimidad de los derechos y deberes sustantivos de la persona, el reconocimiento de los principios de igualdad y derecho a la diferencia entre todas las personas y contempla la «necesidad especial» como situación de excepcionalidad a la que el entorno debe dar respuesta mediante las adaptaciones y medios asistenciales que sean precisos.
Las bases citadas dejan evidente la necesidad de una aproximación del entorno al sujeto (adaptaciones curriculares o en el puesto de trabajo, medidas excepcionales de discriminación positiva, etc.), desplazando del sujeto a su medio el peso central para el proceso de incorporación de la PcD.
En junio del año 1994, la Unesco celebró en Salamanca (España) la Conferencia Mundial sobre Necesidades Educativas Especiales, bajo el lema «Acceso y calidad», donde se produce una vuelta de tuerca que nos lleva a la «inclusión».
Dentro de los debates del grupo de trabajo sobre política y legislación, se puede encontrar una explicación al cambio de integración a inclusión: «Se planteó un tema general en relación con la necesidad de dar con una definición aceptable de educación inclusiva y de distinguirla de la integración o de la inserción en el plan general. Se afirmó que un elemento esencial del concepto de inclusión guardaba relación con los cambios sistemáticos en la escuela y el distrito escolar y con el planeamiento de la enseñanza a nivel de gobierno local y central. La inserción en el plan general, por el contrario, se refería a individuos o grupos pequeños dentro del sistema actual, sin que se dedujera necesariamente que había que cambiar el sistema para posibilitar la inclusión de otros niños». Queda claro que la «inclusión» se centra en: 1) Seguir los principios de no discriminación en función de la o las condiciones de discapacidad del sujeto. 2) Proveer «a todos» de las mejores condiciones y oportunidades. 3) Involucrar a todos en las mismas actividades, apropiadas para su edad.
Como se detalló antes, se produjo una generalización del principio de «inclusión» y se le llevó a todos los planos sociales.
Extractado de www.discapnet.com.es
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