TIENE LA PALABRA

Respuesta  al señor Lucas Moreno

Señor Director  de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

Lamentablemente, me resulta ineludible referirme al «Tiene la palabra» del día domingo 27/6/10 cuyo autor dice ser Lucas Moreno, en la que él se toma la licencia de tratarme de mentiroso. Pero, felizmente, los hechos son tan, tan transparentes e inocultables, que, en el propio material que él utiliza en su libelo, están los argumentos que muestran que no existe tal mentira, que consistiría, según él, en el «infundio», de mi parte, de sostener que Tabaré Vázquez fue impulsor, durante su gobierno, del mantenimiento de la ley de impunidad y no de su anulación.

Este tema de la impunidad del terrorismo de Estado tiene un carácter muy especial, en que los principios que rigen a la persona humana, y en especial, la jerarquía de esos principios, son muy importantes para definir posiciones. Es claro y de conocimiento público que la comunidad mundial rechaza y deplora los atentados del terrorismo de Estado y que en las normas internacionales, de mayor jerarquía intrínseca aceptada que las nacionales, nuestro propio país ha aceptado y firmado dicha condena, aunque después, en la «interna», se haya contentado, por el momento, aunque con éxitos parciales, con mantenerla vigente. Pues aunque dos plebiscitos, realizados en épocas distintas, y por diferentes motivaciones, no han sido capaces de anularla, es claro que esa es una limitación interna nuestra, que nos está costando, como País, la repulsa del resto del mundo que impulsa la imprescriptibilidad de los delitos aberrantes contra el ser humano, manteniéndonos en una lista negra nada recomendable. Así, un gobierno de un país, podría, avalado por las concepciones unánimes de sus ciudadanos, establecer que un genocidio acontecido es lícito y aprobable. Pero eso no lo haría válido ante la comunidad internacional. Aquí pasa lo mismo. El «miedo de coyuntura», de una buena parte de los uruguayos, promocionado y amplificado por algunos dirigentes de partidos tradicionales que tenían las manos no suficientemente limpias, a través de su prensa amarilla, incidió en el primer plebiscito. No olvidemos «el temor a un nuevo golpe de Estado» propagandeado por oscuros intereses, y la forma taimada con la que llegó Sanguinetti a la primera presidencia, enancado en la dictadura, como candidato «único aceptable». Y en el segundo plebiscito, la posición asumida por el gobierno, apoyada, es cierto, en una decisión política oportunista de una mayoría del Congreso del FA, en el que predominó el cálculo electoralista sobre el sentido ético de justicia, de aplicar el artículo 4º de la norma espuria, muestra claramente la voluntad de Tabaré Vázquez. Además de haber desaprovechado su mayoría legislativa voluntariamente, si se embarcaba, como se embarcó, en aplicar el artículo 4º, no podía nunca anular o derogar la ley citada, porque perdía ese mecanismo. Y la falta de votos en la instancia última del plebiscito por la anulación, debe atribuirse, entre otras causas, a la falta de voluntad política existente en el presidente y en importantes sectores del FA, sobre todo «vazquistas», dado que no hubo ni propaganda ni militancia puesta al servicio de la causa, y las decisiones de último momento, de subirse al carro, entre ellas la de Tabaré, fueron más de táctica electoralista futura que de principios… (si no podía sumarse a la anulación, porque el programa del Congreso lo mandataba imperiosamente en otra dirección, ¿por qué al final se subió?). Son preguntas cuyas repuestas honestas apuntan en mi favor.

Reitero, por si fuera necesario:. «La ley del pánico es írrita y nula (1)», como dijera Fasano y nos recuerda Moreno en su libelo, y, por más que los soberanos ciudadanos de un país, la quieran mantener como válida y vigente, están apareciendo, como cómplices de los creadores de la ley, atentando contra las leyes y la ética universalmente definidas y, además, aceptadas expresamente por el país y, por tanto, atentando contra los derechos humanos, que como tales son imprescriptibles, inalienables e irrenunciables.

Estamos embarcados en una disyuntiva ineludible. O estamos con los que dicen que no se puede eludir respetar el pronunciamiento popular de dos plebiscitos y por ello hay que mantenerla vigente, o estamos con los que decimos que, todo pronunciamiento que contradiga la norma superior que indica que los crímenes de lesa humanidad son imprescriptibles y no pueden ser objeto de normas ni decisiónes válidas que los amnistien ni perdonen por gracia. Como ejemplo ver gracia de Menem y su invalidez posterior.

Yo me afilio a esta última posición, sin dudas ni especulaciones electoralistas sino como resultado de mi conciencia ética irrenunciable.

Respecto al acatamiento de Tabaré, a la resolución del Congreso previo a la elección de 2004, puesta como excusa de comportamiento por Moreno, no parece ser un elemento definitorio, dado que en otras situaciones, es público y notorio que Tabaré se apartó del contenido del programa. ¿Dónde dice en el programa que Uruguay dejará de alinearse en su tradicional e histórica defensa unilateral del latinoamericanismo, y promoverá acuerdos económicos bilaterales con el imperio, que ostensiblemente debilitan la primera posición señalada, además, y por si fuera necesario, legado irrenunciable de nuestros próceres? Sin embargo, lo hizo, ¿no?

Y para terminar, es una lástima que el «Sr.» Moreno haya perdido, en el final de la nota, la brújula, y con ello, la oportunidad de mantener el cambio de opiniones en el plano respetuoso, al tratarme de mentiroso, cuando, personalmente, nos «mensajeamos» privadamente, en cuyo caso se mostró ostensiblemente «amistoso», transformando así, una posición no compartible pero respetable, en un bajo libelo. Le dejo, para terminar, utilizando su misma arma, la máxima de que «no ofende el que quiere, sino el que puede».

Por la lectura atenta de lo que antecede, se nota claramente que no pudo.

(llamada al pie)

1-írrito: nulo, invalidable;

nulo: inútil, por no estar hecho conforme a lo que disponen las leyes.

Jorge Croce  C.I: 733.293

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