MANOS SOLIDARIAS EN AQUELLOS INVIERNOS
Por los barrios del pasado tenemos ejemplos de esa fraternidad hacia los pobres. Por el viejo barrio Palermo, en Maldonado y Minas, la solidaridad tenía la forma de sotanas marrones y pies con sandalias. Los hermanos «capuchinos» daban una mano hacia los pobres de la barriada que se arrimaban buscando un plato caliente. Al lado de la tradicional parroquia, esos frailes tenían una puertita que se abría todas las mañanas para atender una larguísima cola de hombres y mujeres muy humildes. Para acceder al humeante guiso había que traer donde llevarlo. Esa gente traía latas de aceite y descascarados platos junto a rotas tacitas. El fraile encargado de servir el guiso lucía una larga barba y utilizaba un grandote cucharón de madera. Todos se sentaban en el cordón de la calle Maldonado y le daban con todo al humeante alimento. En un par de boliches de aquel Palermo de antaño también le daban una mano a los pobres. En el café «Casupá», de Isla de Flores, donde de tardecita recalaba el maestro carnavalero González Prado, un mozo repartía pan y trozos de carne a señoras humildes que venían con sus niños en brazos. En el Café «Palermo», de Maldonado y Ejido, que tenía una gran cocina siempre de madrugada repartían el excedente de la comida entre los vecinos más pobres. Por el Cerrito de la Victoria, se destacó el gran comedor gratuito de la «Sociedad Filantrópica Cristóbal Colón». La gente llegaba principalmente de los ranchos de la calle Chimborazo. Daban unos paquetitos que contenían carne, galletas de campaña y cuando había suerte, un pedazo de rico queso. Esa sociedad de ayuda también tenía un local en el barrio Cordón, en Magallanes y Uruguay. Ahí agarraban el paquete de comida y se iban a comerlo a la Plaza de los Bomberos donde al mediodía aprovechaban el sol, el bien llamado «poncho de los pobres». Por la zona de la Aguada, en los aledaños del Palacio Legislativo, estaban los enormes galpones de «El Ejército de la Salvación» que recaudaba sus fondos tocando música en las esquinas del Centro. En sus locales no sólo daban comida sino que también funcionaban como albergues nocturnos que salvaban a muchos de la cruel intemperie. Esta obra social era muy reconocida y por eso cuando la banda del «Ejército de Salvación» con sus platillos, trompetas y el tradicional bombo sonaban por la esquina del «London París», los montevideanos ayudaban con vintenes y bolsas con ropas y alimentos. En la Ciudad Vieja, daban una mano solidaria los religiosos de «El Templo Inglés». Los vecinos de los inquilinatos de la calle Reconquista y de los conventillos de La Aduana recibían dos veces por semana una gran bolsa de comestibles. En La Comercial, por Inca y Pagola, en los inicios de 1950 comenzó la actividad del comedor y policlínico gratuito de la tradicional Iglesia de San Pancracio. En los largos inviernos ante su puerta se mezclaban los habitantes del Reus al Norte, pensiones de Hocquart, el pasaje de Galicia y muchos «linyeras» que dormían abajo del puente. Ayuda solidaria entre los vecinos. Estos recuerdos rinden cálido homenaje a quienes creyeron en el milagro de la fraternidad entre los hombres. Con más recuerdos y música los esperamos todos los domingos a las 18 horas en CX 40 Radio Fénix. También en Internet: You Tube «Prohibido para Nostálgicos».
Coordinación: Angel Luis Grene.
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