SANA MENTE

Las vacaciones de julio

Caso

Desde hace días ha estado preocupada, casi se podría decir cansada de solo pensarlo. Empiezan las vacaciones de invierno y los niños estarán las 24 horas del día en casa, gritando, corriendo, peleándose por todo. Está por empezar uno de los períodos más abrumadores del año, los niños en casa sin el colegio para su alivio. Marisa no puede salir con ellos todos los días, el tiempo frío o lluvioso tampoco ayuda. La playa no es una opción como en el verano, ni siquiera el fondo de la casa para que corran a sus anchas.

En estos días todas sus baterías están puestas en encontrar programas para entretener a Darío y Valeria que de alguna forma se han convertido en unos seres exigentes a los que Marisa debe entretener. Está a cargo de ocupar todo el tiempo libre de sus hijos que sentados en un trono como el de los reyes deciden si la actuación del bufón del palacio fue graciosa o no, entretenida o no. Si no cumplió las expectativas el dedito pulgar para abajo lo condenará a la muerte y pasará el siguiente que salvará su vida si consigue entretener a esos exigentes reyes. El sentimiento de Marisa es casi como el del bufón de turno de este reino en el que si Diego y Vale muestran el dedito para abajo, la condenarán a buscar otro entretenimiento para que no se aburran y como consecuencia conviertan la casa en un caos de gritos, desorden y exigencias.

En la oficina es el comentario obligado. Una especie de red de información creada entre esos padres condenados por tener hijos pequeños a la pena de dos semanas de vacaciones en invierno, se pasan los datos de los espectáculos que más rinden: aquellos que han logrado entretener más a los pequeños y por más tiempo o los más baratos. Nada parece suficiente para prepararse para esta etapa del año.

Comentario

Estas escenas son más o menos las habituales entre los padres de niños pequeños que deben pasar por esta prueba anual. Se ponen en juego los recursos más creativos de los padres para entretener a sus hijos. La agenda completa que esos niños tienen durante el resto del año, ahora, está totalmente librada a la acción de los desesperados padres que ven en estos días aumentar el presupuesto familiar en salidas. Claro no sólo en salidas, ya que en cada inocente «excursión» fuera del hogar, los gastos trepan por las exigencias de las compras de juguetes o golosinas. Parece que no es posible ir al supermercado o al cine o a dar una vuelta de manzana sin volver con «algo», que queda de inmediato tirado acumulando en el montón de juguetes que no cumplen su función.

Las múltiples definiciones de la palabra jugar coinciden en subrayar su importancia como actividad voluntaria, entretenida y divertida. De esta forma un juguete es un objeto con el cual es posible jugar, es decir entretenerse y divertirse. Cabe ahora preguntarse ¿cuántos de los objetos que se compran bajo ese nombre cumplen realmente con su objetivo? La mayor parte de las veces solo pretenden satisfacer un capricho de los niños, una exigencia tan pasajera como inútil y muy alejada del concepto de juguete.

En nuestra vida cotidiana, los niños son parte de un mundo lleno de exigencias horarias y agendas repletas. Parece sólo haber cabida para deberes y obligaciones, convirtiendo también en obligaciones actividades aparentemente alejadas de las exigencias escolares. Se pierde así su condición de actividades placenteras, divertidas, entretenidas. Ir al club o practicar un deporte, es una obligación cuya finalidad es ocupar un tiempo sin el saldo de satisfacción propio de la actividad lúdica.

Por otra parte en el ejercicio de ser padres, se ha integrado como parte de esa responsabilidad, hacerse cargo de los estados de ánimo de los hijos. Es decir ser padre o madre implicaría hacer que el hijo sea feliz, esté divertido, evitarle la tristeza o la frustración, etc. Sin embargo no es posible que una persona sea la responsable del estado de ánimo de otra. Estar triste, aburrido o divertido son parte de la subjetividad de cada ser y por ello es responsabilidad de cada quien sobre su propio estado de ánimo. Podremos hacer una broma muy divertida, pero es finalmente la subjetividad de quien la recibe, la que determina su éxito como broma. Todo esto apunta a reflexionar, sobre el peso que se ha puesto en la acción de entretener, olvidando la necesidad de desarrollar la capacidad para entretenerse. Es frecuente poner la responsabilidad de los propios sentimientos en los demás. «me hiciste enojar, me hacés sentir mal, me pusiste triste», implica en su opuesto: «divertime, haceme feliz, entreteneme, etc». Es importante que desde pequeños se ejercite la capacidad de asumir la subjetividad como responsabilidad propia. En cada momento es posible elegir enojarse o no, divertirse o no, buscar en el entorno los elementos para evitar el aburrimiento o no. Acostumbrarse a esperar que el mundo se haga cargo de nuestros propios sentimientos nos deja en un estado de vulnerabilidad. Es importante entonces proponer, abrir la posibilidad a distintas instancias, estimular esa búsqueda, sin olvidar que el resultado final de entretenimiento, diversión, alegría y satisfacción es personal, intrasferible y se ejercita desde la infancia.

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