TIENE LA PALABRA
«Exabruptos de Carlos Maggi sobre Juana de Ibarbourou y José Martí
Señor Director LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
Meses atrás, escuché en el programa «En Perspectiva» de radio «El Espectador», al señor Carlos Maggi proferir con temeraria ligereza, una serie de juicios descalificatorios y ofensivos sobre la poesía de Juana de Ibarbourou, en los que revelaba dado la parcialidad y el tono de sus valoraciones- una soberbia ignorancia sobre gran parte de la obra de la poeta, especialmente de sus últimos grandes libros.
Tales exabruptos merecieron la justísima réplica del poeta y profesor Jorge Arbeleche, uno de los más enjundiosos conocedores de su obra, aunque su carta que sepamos nunca fue leída en esa radio.
El último viernes, he oído otra vez con estupor, al señor Maggi, descalificar sin fundamento ni razones de ponderado juicio intelectual, en forma grosera e injuriosa, la poesía del cubano José Martí, uno de los más grandes poetas de América, fundador del Modernismo, «Dr. Torrente» como le llamaran admirativamente sus contemporáneos-, iniciador de una obra de la mayor trascendencia, junto a Darío, en la poesía del continente; cuya orientación fundamental, como sostuviera Federico de Onís, radica en la fidelidad a una tradición continental y la apertura a todas las culturas contemporáneas.
Una obra en su doble vertiente de poesía y prosa anclada en la más categórica definición ética y en la construcción de un estilo de exaltado poder visionario y acendrado fervor estético, en la que el idioma alcanza una de sus cumbres.
Sería ocioso abundar acá en tales atributos, reconocidos en forma unánime por la más destacada crítica del pasado siglo.
Empezó Maggi diciendo que la vida de Martí es más grande que su obra, juicio de por sí ya más que discutible, porque todo en Martí emana de una misma entraña, e integra el crisol de una misma actitud ante el arte y la vida: Martí, «apóstol, profeta y mártir», como lo ha nombrado Juan Marinello en su libro homónimo.
Y el también poeta cubano Cintio Vitier, especialista en su obra, la inscribe en la doble e indisoluble vertiente de acción-poesía, definiéndola como palabra encarnada, expresión factual, espíritu militante.
Para Martí, efectivamente, la expresión es la hembra del acto. Pero un poco después, escuché consternado al señor Maggi calificar a Martí de «poeta menor», «apenas versificador», «más cerca del payador que del poeta».
Y tomar luego el poema IX de «Versos sencillos», comúnmente conocido como «La niña de Guatemala», esa entrañable joya literaria, leyéndolo mal y parcialmente, para denostarlo como «cursi» y «horrible».
Valdría recordarle lo que el mismo Martí prescribía en amorosa admonición: «Criticar, no es morder, ni tenacear, ni clavar en la áspera picota (…) Criticar es amar…» No puedo menos que evocar entonces, en el repertorio innumerable de sus ideas y conceptos, a Carlos Real de Azúa en sus clases de Introducción a la Estética Literaria en el IPA, hablándonos con delectación de las múltiples calidades literarias del estilo del poeta cubano, de los diversos estratos de significación simbólica de sus textos, de la riquísima variedad de su paleta cromática; y remitirnos por ejemplo, al libro de Iván Schulman editado por Gredos, «Color y símbolo en la obra de Martí».
O, sin ir más lejos, al número 30-31 de la revista Asir, de mayo abril de 1953, íntegramente dedicado al poeta cubano en el que aparece un erudito estudio sobre este poema, nada menos que de Angel Rama, a quien algo conoció el señor Maggi, y de cuyas aptitudes intelectuales capaz que también sospecha.
En dicho estudio, Rama, con su habitual lucidez metodológica, realiza un verdadero escrutinio de los valores fónicos, semánticos y simbólicos del poema, poniendo de relieve la filigrana de su construcción. Y en el mismo número de la revista, destaco el trabajo del profesor Roberto Ibáñez, que discrimina el vaivén melódico y el vaivén narrativo del mencionado poema: dos movimientos alternativos y paralelos, gobernados por sendas magnitudes o perspectivas temporales.
Y el vaivén psíquico, expresivo del remordimiento y la pasión.
El entrecruzamiento de la línea narrativa, supuestamente objetiva y el sentimiento del yo lírico que padece la tragedia de amor; el dramatismo de la historia y el «ritmo de cancioncilla», que dijera Gabriela Mistral, atribuyéndoselo al verso romance.
O, como sostiene Rama, la distancia que se verifica entre la experiencia vivida y su trasmutación poética.
Para destacar por último en este poema «el genio de la oposición, el juego riquísimo de asimetrías y desacuerdos, armonizándolos en una unidad superior».
El señor Maggi, con estulticia para valorar la creación lírica, considera este poema «una cursilería horrible», que desluce en relación a las más flojas canciones de los Beatles.
Disparate ante el cual, ninguno de los contertulios realizó la menor consideración; y que a la moderadora de ese viernes, la señora Rosario Castellanos, le mereció como único comentario, más o menos esto (cito aproximadamente de memoria): «y bueno, al menos está en español, nos llega más…» ¿Hasta cuándo me pregunto- el señor Maggi seguirá gozando de esa impunidad para descolgarse con tales brulotes, con la misma soberbia con que opina sobre todo y sobre todos, cuando no, bajo un tono de meliflua condescendencia, como cuando dice que a lo sumo a Martí la expresión le agregaba un toque de gracia, o que Juana de Ibarbourou era una muchachita simpática?
Y desde un espacio en el que no se puede irresponsablemente arrasar con valores que, más allá de lo razonablemente discutible de las cosas, merecen una elemental consideración y reconocimiento.
Cayendo sus irrespetuosas opiniones en una tierra de nadie, perdiéndose en la ominosa pasividad de quienes por su condición intelectual- no deberían permanecer en inexcusable silencio.
¿O se puede acaso con la misma ligereza y banalidad, calificar pongamos por ejemplo-, un cuadro de Picasso o de Torres García -al margen de los criterios de sensibilidad y gusto siempre legítimos- como insufrible garabato? ¿No hay ciertas creaciones culturales que están más allá de la vulnerabilidad de lo inestable, precario e impugnable de que pueda hacerlas objeto nuestro juicio? ¿O es que estamos ante un caso más del desmerecimiento de lo valioso y admirable, como coartada del resentimiento y la propia pequeñez?
PROFESOR JUAN FRANCISCO COSTA – [email protected]
Te recomendamos
disgusto
Qué es la “Guía Electrónica de Carga” que tanto rechazan los transportistas en Uruguay
El acuerdo entre el MTOP y la Intergremial del Transporte Profesional de Carga (ITPC) del 9 de junio dejó la obligatoriedad en suspenso condicional. Hoy, unos 100 camiones se concentran en Montevideo. Los transportistas exigen la derogación, no...
Compartí tu opinión con toda la comunidad