Educación. Comprueban baja de matrícula en centros tras mostrarlos como "violentos"

Secundaria advierte sobre efectos ante la estigmatización de liceos

«Los mismos estudiantes de uno de los liceos que tuvo problemas, fueron los que a partir de un serio conflicto, comenzaron a trabajar sobre el hecho de violencia», explicó Martín Pasturino consejero de Secundaria sobre el Liceo 19 de la Unión, otro de los centros que tuvo problemas el año pasado.

«En otro liceo, tras una denuncia realizada por los medios porque estudiantes tiraron bombas dentro del liceo, la matrícula bajó considerablemente», explicó Pasturino, y «nos preocupa que esto pase», recalcó. Secundaria tomó algunas medidas para que los centros no sean estigmatizados, tales como la no divulgación de resultados educativos en el Monitor de Secundaria presentado el año pasado, evitando que se identifiquen. Ahora las autoridades temen que ocurra lo mismo con un liceo que esta semana fue señalado como «violento», y que en la información se relacionó un hecho preocupante con otro ocurrido en el año 2004, y que da la pauta de que el centro es «violento por naturaleza». De un hecho puntual (un adolescente llevó un arma a un centro de estudios que encontró en la calle), los profesores y funcionarios, tras una asamblea, resolvieron realizar un paro activo el próximo lunes, con la posibilidad de ocupar el centro el martes, en reclamo de otros elementos de trabajo, y particularmente de seguridad. De inmediato, la noticia que trascendió fue que un alumno «llevó un arma al liceo». El comunicado de prensa de los docentes, expresaba una serie de carencias vinculadas al entorno, a los problemas internos y contención de los alumnos, pero nada de la situación «del arma» dentro de la institución, tal como informaron algunos medios ayer. «Decí lo del arma, decí lo del arma», pidió un docente a LA REPUBLICA, tras comunicarse con nuestra redacción el pasado viernes. Ayer LA REPUBLICA informó sobre el reclamo de los docentes del centro por más seguridad, partiendo, a su vez, del reclamo en una asamblea realizada en la mañana por padres, madres y funcionarios. Secundaria se apega a los organismos internacionales, que también trabajan en la protección de la infancia solicitan a los medios cuidados para no estigmatizar a los centros de estudio, y a su vez, que no se identifiquen a los menores de edad en conflictos con la ley, cuestión especialmente establecida en el Código de la Niñez y la Adolescencia. Esto es teniendo en cuenta que en pequeñas comunidades, es el caso de un centro educativo y su entorno, es muy fácil identificar a los sujetos, y más aún cuando aparecen (aunque no sean identificados) en medios de prensa.

 

El hecho

El hecho emergente fue la tenencia de un arma de fuego en poder de un alumno. Pasturino dijo ayer que «el tema fue solucionado de inmediato, con una sanción pero también con la atención inmediata al alumno y al centro por parte de un equipo multidisciplinario». Los docentes formalmente reclamaron por la «inseguridad» en el centro y solicitaba a las autoridades proveer de modo inmediato el servicio 222 para el acceso al liceo», y que se «provea de modo inmediato funcionarios para que cumplan funciones de portería», entre otros. «Secundaria ya dio respuestas y se pidió el Servicio 222 de inmediato, y además se establece en la normativa que cualquier funcionario puede ejercer el papel de portero en los centros liceales», dijo Pasturino.

 

Convivencia y educación

¿Cuál es la actual línea de trabajo pedagógico en la educación para fomentar la convivencia, el respeto al prójimo, y la vida en sociedad? Los programas educativos, en los últimos años, han trabajado desde una línea de respeto a los derechos humanos. El mes pasado, los docentes de un liceo capitalino, optaron por hacer un paro peculiar. Dieron clases, pero las mismas fueron con el objetivo de reflexionar con los alumnos, sobre el problema de la violencia de manera de «sensibilizar» a los estudiantes. Otro liceo de la Unión, que tuvo problemas hace dos años con estudiantes que ejercían actos de violencia, en un primer momento pidieron más control y seguridad externa, ante un hecho que se daba puertas adentro. Hoy ese centro es modelo de trabajo con la comunidad sobre cuestiones sociales a partir de la reflexión y el trabajo.

 

Conflictos

«Los conflictos forman parte de la convivencia. Surgen del carácter dinámico de las relaciones de intercambio e interdependencia que la propia convivencia nos impone ante los distintos intereses, necesidades expectativas, diríamos «subjetividades» de los diferentes actores que intervienen», explica la Guía para la promoción de buenos climas de convivencia» presentado el año pasado, y que sirve como ayuda a docentes para dar respuesta ante emergentes de conflicto. «Una perspectiva de convivencia, no implica posicionarse desde un lugar de no existencia de conflictos, sino que por el contrario, requerirá de su integración para su análisis y diagramación de estrategias que promuevan su tramitación, visualizando a los mismos como instancias promotoras de aprendizajes», explica el trabajo. Un informe publicado en la revista «Educarnos» de la ANEP, en su número 3, sobre las políticas educativas aplicadas con el fin de mejorar la convivencia en los centros educativos a nivel de gobierno en los últimos cinco años, afirma que «desde los desarrollos realizados concebimos la violencia en los centros educativos como un fenómeno complejo, que trasciende el golpe, el grito, el insulto, la pelea y que se inscribe en un contexto y en una dinámica singular». El año pasado se lanzó el proyecto de Prevención de la violencia y emergentes de riesgo en los Centros Educativos el cual se enmarca en el Programa de apoyo al fortalecimiento de las políticas educativas de ANEP conjuntamente con la OPP. Según un informe presentado el año pasado en cuanto a este proyecto «las actuales situaciones conflictivas que tienen lugar en el sistema educativo nos obligan a reflexionar sobre los procesos que conforman la cultura y la práctica escolar». Advierte que «al aproximarnos a la experiencia escolar de los centros educativos, observamos fenómenos de estigmatización y discriminación, de banalización de los conflictos en las relaciones interpersonales, de distanciamiento de los adultos responsables de la institución, de falta de sentido atribuido a la educación, entre tantos otros». Indica que «un primer impulso tiende a explicar estos procesos como producto de los «déficits sociales» de los niños y jóvenes». Agrega que «el proceso educativo es inherente a la interacción entre adultos y jóvenes y la práctica escolar requiere de adultos que desempeñen activamente el papel de guía para su conducción». Recomienda que «se torna necesaria la presencia de adultos que trabajen activa y críticamente, repensando el papel de la escuela como centros de convivencia activa y significativa» y «se hace también necesario un trabajo en una cultura democrática de convivencia, que promueva la participación de alumnos, funcionarios, padres y docentes».

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